1 agosto, 2011

¡Mirá quién habla!

Aunque se desarrollen en un mismo idioma, las comunicaciones suelen ser ineficientes. Aquí, algunos aspectos para tener en cuenta.
Escribe Patricio Jiménez

¡Mirá quién habla!

El estadio está lleno. El público espera la palabra de una persona. Son 60 mil. Además, millones esperan la proclama pegados a la radio. De pronto aparece el orador; se para frente al micrófono, pero -lamentablemente- no consigue hablar con fluidez.

Los fanáticos del cine sabrán que la escena forma parte de la película ganadora del Oscar en 2011: “El Discurso del Rey”. Para quienes no la vieron, refleja la historia de Jorge VI, Rey de Inglaterra, en el momento de asumir el trono, teniendo que vencer el problema de la tartamudez y su miedo por hablar en público.

Sin necesidad de tener que hablar frente a tanta gente, sucede que a veces nos cuesta comunicarnos, inclusive cuando hacemos alusión a superficiales de -aparente- fácil comprensión. Ahí comienzan las dudas: “¿Cómo no me entiende?”. Es que la comunicación se define en el “cómo” y también en la postura corporal.

 

Utilizar frases cortas, ayuda a la concentración del otro. A muchos no les interesa estar “alerta” mucho tiempo. Es importante detectar esto: ser breves, precisos y tratar de acortar las frases.

Hablar con convicción, parece una obviedad, pero pensar lo que uno va a decir y sobretodo expresarlo con convicción, ayuda a la comunicación. Disipa las dudas.

Gesticular, es otra forma de captar la atención. Aplicados de forma razonable, sin caer en gestos ampulosos ni exagerados, se logra una conversación más amena.

Hablar pausado, nos permitirá dedicarle a la comunicación el tiempo que realmente se merece. El objetivo es ser claros.

Elevar el tono, también es bueno para que no se pierda el hilo de la conversación. Ser monótonos e inexpresivos, no nos ayudará en absoluto. Son características que demuestran desinterés por parte de quien habla.

Enfatizar el final de las frases, es algo que suelen hacer los grandes oradores para que la gente no se aburra. Se añade fuerza tanto verbal, como no verbal, mediante algún gesto o movimiento (manos, cabeza) en la/s última/s palabras.

Estos son consejos para expresarnos mejor y fundamentalmente ser bien interpretados por los clientes. Se puede trabajar observando y escuchando a buenos oradores (políticos, periodistas, deportistas) que -por lo general- son claros y convincentes cuando exponen.

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