Se trata de una exposición del sector que convocará a los empresarios, dueños, gerentes y otros responsables de compra de las Veterinarias y Pet Shops de todo el país. Se realizará los días 17 y 18 de septiembre llega al Palais Rouge de la Ciudad de Buenos Aires.

ExpovetLa exposición será un espacio propicio para que las empresas proveedoras del sector, fabricantes, laboratorios, droguerías, distribuidores y mayoristas, presenten sus productos y sus marcas, realicen lanzamientos, promociones, encuestas y puedan medir presencia en puntos de venta. Mediante la metodología de Transfers, las empresas expositoras podrán, si lo desean, venderle en forma directa al negocio minorista o a través de sus habituales distribuidores.

En diálogo con Jaime Jalife, organizador de la feria, comentó que “será una gran oportunidad para fortalecer los vínculos, establecer nuevas alianzas y hacer buenos negocios tanto para las Veterinarias y Pet Shops como para las empresas que expondrán”.

Por otro lado, Jalife explicó que “en el marco de la feria tendrá lugar el 1er. Congreso Argentino de Actualización para Veterinarias y Pet Shops, con prestigiosos oradores que abordarán temas orientados a profesionalizar y mejorar la performance del retail en continuo cambio y crecimiento. Además, los visitantes podrán presenciar un ciclo de conferencias a cargo de algunas de las importantes empresas expositoras”, concluyó Jalife.

Los que deseen visitar la Exposición comercial podrán hacerlo sin costo, y pueden acreditarse previamente en www.expovet.com.ar para recibir su credencial  con tiempo y agilizar el ingreso. El horario de la exposición será ambos días de 12 a 19hs. El ingreso es exclusivo para las personas que pertenecen al mercado.

Para mayor información acerca del evento o para consultas para participar como expositor, escribir a: info@expovet.com.ar o llamar al (011) 4547-1310.

Editorial Durante los últimos 8 años, esta Revista 2+2 ha sido absolutamente concreta en el mensaje transmitido: para que un comercio veterinario sea rentable y logre satisfacer las expectativas económicas de quien (o quienes) lo gestionan, no alcanza con brindar un servicio profesional de calidad.
Mucho podríamos discutir sobre este punto de vista; y de hecho lo hacemos periódicamente en todas y cada una de las charlas que mantenemos con profesionales veterinarios o dueños (no profesionales) de locales de expendio, en las distintas partes del país que tenemos la posibilidad de visitar.
En este tiempo hemos brindado recomendaciones, propuestas y consejos de utilidad para que nuestros lectores sumen valor a sus actividades técnicas, por medio de la implementación de acciones ligadas al Marketing, la Gestión, las Ventas y el adecuado manejo de los Recursos Humanos.
Lejos estamos de proponer cambios de marquesinas o un lavaje visual de las veterinarias como instrumento central del planteo.
Por el contrario, consideramos muchas de las acciones que a menudo realizan los responsables de administrar las veterinarias deberían incorporarse en una planificación estratégica, evaluada y capaz de ser medida en torno a su evolución.
Vayamos sobre concreto: ¿manejan ustedes cuentas bancarias?, ¿le pagan a sus proveedores?, ¿compran mercadería?, ¿tienen un mostrador para vender productos de farmacia?, ¿tomaron la decisión de atender al público?, ¿cobran por los servicios e insumos que comercializan?
Pues bien, entonces tienen una empresa que merece ser gestionada como tal.
En definitiva, lo que queremos transmitirles es que muchas de las acciones que desde esta Revista 2+2 se les propusieron, proponen y seguirán proponiendo en el futuro, tienen que ver con tareas que ya realizan, aunque de manera desorganizada y sin considerarlas tan importantes como realmente lo son.
Claro, muchos nos dirán que no se formaron en las universidades para ser administradores de empresas, realidad con la cual coincidimos. Pero entre esa situación y administrar correctamente su negocio hay un trecho considerable. ¿No les parece?
También nos dirán que no tienen tiempo disponible para planificar, pensar y ejecutar esas ideas o acciones que les permitirían mejorar el rendimiento económico de sus empresas. Y es quizás en este punto en el cual radique uno de los principales inconvenientes de la gestión de veterinarias en nuestro país.
En esta edición, ustedes podrán leer una columna de opinión a cargo del Dr. Roberto Dughetti, en la cual se instala el concepto de “Veterinario todo terreno”, dejando absolutamente en claro la enorme cantidad de tareas que los profesionales realizan a diario. ¿Cuál es el punto entonces?
Básicamente que a esas tareas, hoy más que nunca, se le debe sumar la administración del negocio. Quizás sacándole tiempo a otra actividad, probablemente delegando tareas o, en el mejor de los casos, sumando a la empresa a quien pueda reemplazarlos en cuestiones médicas.
Sí, es así. En la lucha interna, en la personal, quien pierde frente a la gestión de las veterinarias, es el profesional en su rol médico.
Pero volvamos un segundo atrás.
¿Por qué decimos que hoy más que nunca se debe avanzar en estas cuestiones?
Mire como se mire a la actualidad nacional, tanto los veterinarios de grandes animales, como los que se especializan en los animales de compañía deberán redoblar sus esfuerzos por ser más eficientes en su administración, a la vez de salir a generar acciones concretas para estimular la demanda de los productos y servicios que ofrecen.
Tanto en el caso de quienes prevean más amenazas que oportunidades para los próximos meses, como para aquellos que tengan una visión diametralmente opuesta, se deberá enfocar los cañones más allá de las cuestiones médicas.
En esta edición, por ejemplo, también podrán acceder a un completo informe sobre cómo gestionar de un modo más eficaz las cobranzas, así como también voces autorizadas en materia de cómo alinear la comunicación desde los comercios para brindar siempre una atención de excelencia a los clientes.
Abrumados también podrán llegar a sentirse a leer nuestra nota de tapa, donde el contador Jorge Varese repasa cuestiones ligadas al Monotributo, Declaraciones Juradas, Factura electrónica y demás “pormenores” de la actividad diaria de nuestros lectores.
Muchos son los caminos a tomar, pero uno solo el que debemos evitar: no hacer nada.

Usar el tiempo para planificar produce ganancias en la ejecución y permite estar preparados para el momento de actuar.

¿Pensaron algunas vez en administrarse a ustedes mismos?Sin duda uno de los temas más recurrentes entre las personas es la falta de tiempo.
Cuando hablamos con nuestros amigos o con personas relacionadas a las empresas comentan que no les alcanza el tiempo para todas las tareas que quieren o necesitan realizar en el día.
Siempre están “tapando agujeros” y corriendo de un lado para el otro.
Estamos tan sumergidos en la vorágine del día a día que cuando nos damos cuenta de esto, ya se nos ha hecho visible un ataque de estrés.

Paso a paso

Les propongo detenernos tan sólo cinco minutos a fin de realizar un pequeño ejercicio que permitirá visualizar la importancia de los temas a los cuales nos referimos:

Identificar los roles: Escriba en un papel sus roles más importantes. Como ser: padre, madre, hijo/a, esposo/a, gerente de veterinaria, vendedor de una empresa, docente, etc.

Seleccionar las metas: Piense en los resultados importantes que quiere lograr en cada uno de sus roles durante una semana en particular. Estas metas tienen que ser de corto plazo y estar relacionadas con la misión. Nuestra herramienta, por sobre todas las cosas, debe ser coherente.

Programación: Con los roles y las metas ya definidas, podemos empezar a establecer el tiempo que creemos que nos llevará alcanzarlas y trasladar cada una de ellas a un día específico.

Sin embargo, esto podría evitarse con realmente poco esfuerzo.
Hace unos años, se hablaba de la administración del tiempo, mientras que en la actualidad el desafío pasa por administrarnos a nosotros mismos.
Para poder poner en práctica esto, en primer lugar deberemos comprender algunos conceptos que nos permitirán utilizar y comprender herramientas que nos ayudarán a organizarnos.

Urgente vs Importante

En primer lugar debemos tener en cuenta que todas nuestras actividades se rigen por dos factores fundamentales: lo urgente y lo importante. ¡Vaya novedad!
Podríamos definir lo urgente como algo que necesita nuestra atención inmediata, ¡ahora!; no puede esperar.
Estas actividades actúan sobre nosotros y, por lo general, complacen a otros.
En cambio, lo importante no sobresale, no llama nuestra atención, pero tiene que ver con los resultados, con lo que cada uno encuentra valioso y con el aporte a nuestros objetivos y metas.
Estas actividades requieren más iniciativa; tenemos que ser proactivos y saber decir no a lo urgente para poder trabajar en las actividades importantes.
Para lograr esto es fundamental, tanto en nuestra vida, como en las organizaciones, tener una misión y una visión. Para saber cuáles son nuestras metas y objetivos es fundamental conocer qué es lo que hacemos y adónde queremos llegar.
Luego, ver cómo podemos aplicar una herramienta que nos permita organizar las actividades semanales, y de ese modo tener una mejor perspectiva que si lo hiciéramos diariamente.
Nunca debemos olvidar que las personas son más importantes que las cosas.
Quizás ocurra que tengamos planificado un tiempo para hablar con un cliente o incluso con nuestros hijos, y que esa charla se extienda más de lo planeado.
Si esto ocurre, no debemos sentir culpa por no cumplir con la programación estipulada. Con las personas no se puede pensar en términos de eficiencia sino de efectividad. En ocasiones la agenda tendrá que subordinarse a las personas.
Algo importante es que la herramienta deberá ser flexible: nosotros debemos controlarla y no a la inversa.

Aprender a delegar

¿Pensaron algunas vez en administrarse a ustedes mismos?Por último, para que la herramienta funcione deberemos aprender a delegar. Esto es algo que a la mayoría de las personas no le gusta, por miedo a que le quiten el puesto o por simple arrogancia (“nadie lo hace como yo”).
Pero si realmente queremos organizarnos con efectividad, necesitamos aprender a delegar para conseguir más tiempo y dedicarnos a lo realmente importante. Y aquí es clave tener en cuenta que delegar no significa decirle a una persona: “haga esto, haga aquello, vaya a buscar esto o aquello”, con una supervisión de los métodos, uno por uno. Si tuviéramos que realizar esto con varios empleados, sería imposible y en lugar de ganar tiempo lo perderíamos. Existe otro tipo de delegación más efectiva que se centra en los resultados: dando libertad a las personas para elegir sus propios métodos, haciéndolos responsables de los resultados. Al principio quizás nos demandará mucho tiempo, pero se recuperará en el futuro.

Importante

¿Qué tener en
cuenta a la hora
de delegar?

– Los resultados concretos que se desean obtener.

– Indicar los parámetros (indicar lo que no hay que hacer, pero no decir lo que sí hay que hacer y cómo).

– Identificar los recursos con los que se contará.

– Establecer una rendición de cuentas.

– Especificar qué sucederá como consecuencia de la misma.

La herramienta exhibida a modo de ejemplo en el cuadro N°1 nos permitirá organizar mejor nuestras tareas siempre y cuando tengamos en claro adónde queremos llegar. Seguramente nos sorprenderemos al ver que disponemos hasta de tiempo libre.
Pero ningún método es tan poderoso como para evitar los imponderables. Siempre tendremos tareas que surgirán en el día a día y que tendremos que resolver. Pero al estar organizados, esto será menos estresante y al mismo tiempo nos permitirá empezar a disminuir las tareas urgentes para aumentar las importantes.
Ya que ahora vamos contar con más tiempo, no olvidemos dedicarnos un poco a nosotros: cuidar la capacidad de producción que es el cuerpo y la mente, a generar relaciones, etc.
Usar el tiempo para planificar nos produce ganancias en la ejecución y estar preparados para el momento de actuar.
Me pareció interesante terminar este artículo realizando un ejercicio.
Stephen Covey, en su libro “Los Siete hábitos de la gente altamente efectiva” pregunta: “¿Qué puede hacer usted, que no esté haciendo ahora, y que si lo hiciera regularmente, representaría una diferencia positiva tanto en su vida personal como profesional? “
Seguramente lo que ustedes pensaron es una tarea no urgente pero realmente importante que. por no ser urgente, ha quedado postergada.

 

Javier NevoliJavier A. Névoli

Licenciado en administración (Facultad de ciencias Económicas UBA). Ayudante de cátedra en la
materia Sistemas Administrativos FCE UBA. Gerente NRV Administraciones.
javiernevoli@yahoo.com.ar

Una vez que se logra en las veterinarias un listado de clientes que ya no los visitan, estarán listos para emprender la tarea de salir a “recuperarlos”… Para ello, les proponemos establecer un primer contacto telefónico.

Veterinario: “Buen día… ¿se encuentra Juan Martín?”
Cliente: “Sí él habla…”
V: “Hola Juan Martín, le habla Rodolfo, de la veterinaria. Estoy retomando contacto con algunas personas que hace un tiempo no nos visitan…”.

Hasta aquí va bastante bien… Pero compliquemos el llamado…

V: “Usted es una de ella y hace tiempo que no nos visita, ¿cierto?”
C: “Sí, y no creo que vuelva a hacerlo. Nunca más…”
V: “Epa!… ¿Hubo algún problema?…”
C: “¿Qué si hubo algún problema?…”
V: “Veo que está molesto. ¿Puedo saber qué pasó?”.
C: “Mire, yo pedí que me enviaran urgente una cantidad determinada de vacunas contra el carbunclo y todavía las estoy esperando… Se me murieron tres animales por su culpa. ¿Cómo quiere que me sienta?”.

Evidentemente el cliente tuvo un problema y es allí donde se nos plantean dos alternativas bien diferenciables: colgamos o avanzamos en nuestra búsqueda.
Elijamos avanzar…
Para ello, se nos presentarán nuevamente dos posibilidades: explicar que no puede haber pasado, que debe haber una confusión, que “yo no fui…”, u ofrecerle las disculpas del caso.

V: “Creo que no podemos solucionar nada a esta altura. Lo que me dice es grave. ¿Me puede explicar más?”
C: (El cliente se descarga).
V: “Es probable que con las urgencias que tuvimos esos días, algunos casos se nos hayan pasado…
¿Le puedo pedir disculpas?”
C: “Yo le puedo aceptar las disculpas porque quizá tendríamos que haberle vuelto a consultar, pero sinceramente no espere que volvamos a requerir sus servicios por los próximos 10 años”.

Cortemos la comunicación en este momento, aunque obviamente luego de realizar un saludo cordial y, fundamentalmente, agradeciendo la atención.

¿Sirvió para algo este llamado?

1. Detectamos el motivo por el cual este cliente dejó de consultarnos.
2. Si nos encontramos con el mismo problema en varios llamados, habremos detectado una debilidad que amerita ser solucionada con urgencia.
3. El cliente que se fue (recuerden que hay un 68% de probabilidades que haya sido por indiferencia y atención rutinaria) y que comprobó que no significaba nada para usted, al momento de recibir su llamado piensa: “se dieron cuenta”.
Esta es una clara demostración de interés… logrando que lo vuelva a pensar: “parece que sí les interesaba”.

Lo importante

No olvide que cada 10 profesionales que dicen realizar estas tareas, sólo 2 lo hacen de manera comprometida.
Ese 20% vuelve a ver las caras de muchos de esos clientes perdidos en su negocio.
El esfuerzo por recuperar clientes perdidos es una demostración de interés, de seriedad, de profesionalismo, de orden, de humildad, de vocación de servicio… es una señal de ganas de cumplir la misión de todo veterinario.
Y si usted como profesional cree que no debe ser quien realice este trabajo, asigne esa función a algún colaborador y haga seguimiento de cada caso.

4. Un cliente que se fue enojado habla mal de nosotros, aunque más no sea para justificar la decisión tomada.
Al aceptar las disculpas, inmediatamente se cortan esos comentarios.
Cuanto antes llamemos, antes dejarán de hablar mal.
5. El cliente que se fue enojado y habló mal de nuestra empresa tiene vergüenza de volver. Incluso cuando se haya arrepentido de pegar el portazo.
No volverá porque tiene herido el orgullo y porque, además, debe ser coherente con su postura.
El llamado reabre esa puerta para cuando desee volver.
Evidentemente, y analizando todos estos beneficios parece que realmente es conveniente hacer el esfuerzo de recuperar a nuestros clientes perdidos.
En un alto porcentaje de los casos, ellos deciden volver.
Esta acción es una demostración de interés, de seriedad, de profesionalismo, de orden, de humildad, de vocación de servicio…

Luciano Aba Luciano Aba
Editor Revista 2+2
Web: dosmasdos.com.ar
Twitter: @aba_luciano

Cambio de ánimosVender no es para cualquiera.
Diversos son los motivos que podríamos esgrimir para argumentar este concepto inicial, pero en estas líneas nos centraremos solo en algunos de ellos.
En primer lugar, vale insistir en aquello de que vender no tiene nada que ver con engañar, ocultar o ventajear al otro, tal como en muchas películas suele plantearse a través de diálogos llevados adelante en concesionarias, galpones con autos usados o tiendas de electrodomésticos.
“Vender no es una mala palabra. De hecho es uno de los oficios más antiguos de toda la humanidad”, suelen decirnos quienes intentan salir de esa y otras estigmatizaciones ya pasadas de moda.
Más allá de esto, vender no es para cualquiera básicamente por el desgaste físico, mental y emocional que las acciones a realizar para lograr los objetivos comerciales requieren.
“Tenemos que reconvertirnos y pasar a ser vendedores más profesionales, capaces de atrapar emocionalmente a los clientes y lograr que den soluciones a necesidades que ya tienen”, escuchamos también de boca de aquellos que hace años se desenvuelven en el tema y siguen mostrándose apasionados para con el mismo.
Se puede vender desde la razón, desde la emoción y hasta desde lo ideológico. ¿O no?
El problema, insistimos, es el desgaste que ello genera.
Alguien que ofrece servicios y productos por cuya comercialización logra sus únicos ingresos, debe empezar y terminar el mismo trabajo todos los días.
Bien los vendedores de los laboratorios veterinarios o de las distribuidoras locales podrían dar muestra de lo que representan los cierre de mes, los objetivos semestrales y los estimados anuales, entre otros tantos “calendarios giratorios” que podríamos mencionar.
Empezar, hacer, terminar; empezar, hacer y terminar. Y así…
Con un ojo en la venta y con el otro en la potencialidad de un nuevo negocio.
¿Mucho se ha escrito sobre las emociones de los compradores, pero quién se ocupa de aquellos que vendemos?

La trampa de la emoción

Un caso paradigmático es el del veterinario del interior del país; ese que compra, vende, cobra, atiende, viaja y conversa con sus clientes.
Ese asesor veterinario vende, todo el tiempo y aunque no quiera. Y vale aquí volver a un concepto central: cuando hablamos de vender, nos referimos también al servicio y conocimiento de los profesionales.
En los últimos meses se ha hecho notorio (al menos en las noticias) un cambio de ánimo fundamentalmente en los productores ganaderos, dedicados a la producción de carne.
Esto es clave, pensando fundamentalmente en que a la hora de plantear aquello de la venta emocional o racional, los veterinarios chocaron históricamente con el descontento político, económico, social y hasta cultural de sus clientes. Situación que hoy se ha modificado.
¿Y con eso alcanza para que nos compren? No, en absoluto.
De hecho, es ahora (en estos meses) el momento de tomar aire, aguantar la respiración y volver a empezar.
Se viene el otoño, época clave para ofrecer servicios y tecnologías destinadas a los toros, a los terneros destetados, a los vientres, etc, etc.
Es el momento justo y estratégico de hacer las propuestas.
Poco importa si las deudas en la calle de las veterinarias son cada vez mayores, poco podemos hacer con el cansancio y la frustración de haber fracasado una y mil veces con la comunicación, es ahora el momento de avanzar sobre ese cambio de ánimo, destacando las ventajas “emocionales” de invertir en una producción llamada a tener un gran año.
¿Y si con eso no alcanza? Habrá que ser racionales, fríos y mostrar los números que expliquen y justifiquen por qué es mejor vacunar, suplementar y desparasitar a no hacerlo…. Sí. Otra vez.

 

Ganancias, declaraciones juradas, Monotributo, factura electrónica… En esta entrevista, Jorge Varese analiza el paso a paso de los temas centrales que deben llevar adelante los responsables de veterinarias en estos meses.

Facundo Sonatti

Varese: “Queda claro el impacto que tiene sobre la clase media la no actualización del impuesto a las Ganancias”.

Varese: “Queda claro el impacto que tiene sobre la clase media la no actualización del impuesto a las Ganancias”.

 

¿Qué te proponemos con esta nota?

La intención es siempre la misma: alentar a los veterinarios a que se acerquen a los números de su negocio. Es sabido que los profesionales suelen estar más cerca del pulso de sus animales que de la frialdad de las matemáticas de su comercio.
Sin embargo, llegó el momento de armarse de coraje y, al menos, buscar asesoramiento para amigarse con la contabilidad.
En ese camino, las palabras desarrolladas por el contador Jorge Varese en este artículo pudo ir resolviendo algunos interrogantes: ¿Qué es el impuesto a las Ganancias?, ¿quiénes están obligados a pagarlo?, ¿cuándo se debe hacer una Declaración Jurada?, ¿para qué sirve una factura electrónica? ¿Cuánto debo pagar de Monotributo? Estos son solo algunos de los disparadores para un tema cuya resolución aportará mucho más que un grano de arena en la tarea diaria de los asesores veterinarios, detrás del mostrador.

Acercarse a los números no es algo sencillo; y poner cada cifra en su lugar puede resultar una tarea titánica para muchos de nosotros.
Los veterinarios, siempre más cerca del pulso de sus animales que de la frialdad de las matemáticas ligadas a su empresa deberán entonces armarse de coraje y buscar asesoramiento profesional matriculado para amigarse con la contabilidad de su comercio. Solo un dato justifica prestarle atención al tema: $267.075 millones es el monto que recaudó el Estado en concepto de Ganancias durante 2014, última cifra oficial difundida por la AFIP. Se trata del tercer impuesto más importante de nuestro país: representó el 22% de la recaudación ese año.
Pero, ¿quiénes están obligados a pagarlo?, ¿cómo? y ¿cuándo?.
Muchos de estos interrogantes son los que en esta edición de la Revista 2+2 buscaremos saldar a partir de las definiciones del contador público Jorge Varese, socio en el estudio que lleva su apellido.
Revista 2+2: ¿Qué es puntualmente el impuesto a la ganancia?
Jorge Varese: Una ganancia es una renta o un beneficio y el impuesto correspondiente varía en relación al sujeto que los paga: personas físicas; personas jurídicas o sociedades. La diferencia es que las primeras pagan ganancias a partir de una condición que estable la Ley; mientras que la renta de la persona jurídica siempre se considera ganancia y tributa el 35%.

Última modificación sobre
factura electrónica

AfipA partir de la última resolución de la AFIP, se establece un cronograma para la implementación escalonada de la exigencia de adherir al sistema de factura electrónica, que implica abandonar los talonarios en papel.
Desde el viernes 1° de abril, los contribuyentes que son responsables inscriptos en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) tendrán obligación de emitir facturas en forma electrónica en caso de que sus ventas hayan sido, en 2015, de un monto igual o superior a los $2 millones.
El de abril será así el primer turno.
Quienes tuvieron ventas netas el año pasado por entre $500.000 y $2 millones, quedarán alcanzados a partir del 1° de julio, y quienes reunieron ingresos inferiores a $500.000 deberán cumplir con la modalidad a partir del 1° de noviembre próximo.
Entre los exceptuados están quienes realizan tareas a domicilio u operaciones de venta “por ruteo”. Quedan también excluidas empresas con controlador fiscal.

 

¿Qué otras diferencias existen entre las empresas y las personas?

Las personas físicas tienen deducciones especiales: el mal llamado “mínimo no imponible” y una escala, según sus ingresos.
Por otro lado, están los contribuyentes en relación de dependencia y los autónomos.

Definiciones
clave para tener
en cuenta

Ganancias: Aquel trabajador en relación de dependencia, soltero y sin hijos, con un ingreso superior a $18.880, debe tributar el impuesto.

Deducciones especiales: Definen el mal llamado “mínimo no imponible”, y alcanzan $42.318 por trabajador cada año.

Escala: La escala para el pago de Ganancias es la misma tanto para los empleados en relación de dependencia, como los autónomos.

Declaración Jurada de Bienes Personales: La presentan todas las personas físicas que acusen un patrimonio igual o superior a $305.000. La base no se actualiza desde 2007.

Factura electrónica: Se establece un cronograma para la implementación escalonada de la exigencia de adherir a este sistema entre abril y noviembre de este año, que implica abandonar los talonarios en papel.

¿Cuál es la escala actual que define el monto a tributar?
La escala es la misma desde hace 25 años.
Solo se modificaron las deducciones personales, como las cargas de familia (hijos, conyugue y otras) y las deducciones especiales. Los cambios que imprimió la administración actual rigen para los impuestos de 2016.

¿Cuáles son las cifras actuales?
Hasta entonces –previo al cambio que ejecutó la nueva gestión en febrero- el impuesto a las Ganancias regia en base a los ingresos brutos mensuales, percibidos entre enero y agosto de 2013, para un trabajador en relación de dependencia, que superara los $15.552.
Más allá de los aumentos salariales percibidos en los dos años siguientes, aquellos que en el período descripto estaban por debajo de ese monto, no ingresaban en el régimen de Ganancias. Esta situación se modificó.

¿Cuándo un empleado en relación de dependencia comienza a tributar?
Un empleado en relación de dependencia soltero que tenga un ingreso neto superior a los $18.880 mensuales comienza a pagar. Más allá de que a muchas personas los beneficia esta modificación, otros -que años previos no tributaban- ahora comenzarán a hacerlo. Para trazar un parámetro, aquella persona que ganaba $11.000 netos en el primer semestre de 2013, estaba exento de pago. Pero probablemente ahora comience a pagar, ya que su salario se incrementó más de un 80%, teniendo en cuenta la inflación real de los últimos tres años.
En conclusión, el perjudicado en este nuevo esquema es a aquel al que el sueldo le aumentó más que al promedio.

 

¿Quién gana con el impuesto?

El impuesto a las Ganancias fue eje de un debate nacional permanente desde la última edición de nuestra Revista 2+2 en 2015. Los candidatos presidenciales prometieron cambios durante la campaña; la nueva administración aplicó modificaciones en febrero y la oposición aún reclama mayores beneficios.
En el medio, nosotros, los contribuyentes.
Ya en 2014 (último dato disponible en la AFIP) el número de trabajadores que pagó el impuesto a las Ganancias fue de 1,03 millones, un 8% del total. Si se calcula esta misma cantidad sólo sobre el grupo de los trabajadores registrados, el porcentaje alcanza el 11%, según el Centro CIFRA de la CTA.

¿Cuáles son las condiciones vigentes para deducir ganancias?
En el caso del conyugue, debe estar legamente casado, y a su vez, tener ingresos menores de $42.318 anuales. En el caso de los hijos, deben ser menores de 24 años y tampoco podrán percibir un ingreso que supere esa cifra.
Tampoco se puede incluir a las personas jubiladas. En conclusión, prácticamente ningún empleado en relación de dependencia puede jactarse del nuevo mínimo de $30.000 que se hizo público en los medios.
Una de las excepciones a incluir son los nietos a cargo.

¿Qué sucede con los autónomos?
La escala es la misma que un empleado en relación de dependencia, pero tiene una obligación diferente porque es la persona que tiene que ir a inscribirse en la AFIP, obtener la CUIT y Clave Fiscal y sumarse al Impuesto a las Ganancias.
Esto, a su vez, significa que en abril – mayo de cada año deba presentar una Declaración Jurada del año anterior, con el debido asesoramiento de un contador matriculado para determinar el saldo a pagar. A su vez, hay que pagar cinco cuotas de un anticipo del impuesto del año siguiente. Para un autónomo, un ingreso de $85.000 anuales es suficiente para comenzar a tributar.

¿Cuál es la escala?
Si bien las mismas pueden encontrarse en el sitio Web de la AFIP, vale decir que -en la práctica- aquel empleado que ganaba US$ 12.000 anuales en los años 2000, pagaba en concepto de impuesto a las Ganancias un 10% de su salario.
Ese mismo ingreso anual, traducido al tipo de cambio de 2015, infiere destinar un 24% del salario a pagar el tributo.
Esto deja expuesto el impacto real sobre la clase media que tiene la no actualización de la escala en el impuesto a las Ganancias que pagamos actualmente.

¿Cómo se adecua al pago de este impuesto un empleado en relación de dependencia que a su vez tiene otra actividad?
El monotributo es un régimen opcional al régimen general para pequeños contribuyentes que cumplan con determinados requisitos. El mismo reemplaza al régimen de jubilación de autónomos, al Impuesto al Valor Agregado y también al impuesto a las Ganancias. Al hacer una Declaración Jurada, por algún motivo, se debe mencionar los ingresos del monotributo, como ingresos exentos de pago.

 

¿Cuánto cuesta el Monotributo con el último aumento?
En los últimos días de marzo la AFIP dispuso una suba del monotributo de hasta 18%.
Se trata de una modificación en los importes de las cotizaciones previsionales fijas, con destino al Sistema Nacional del Seguro de Salud y al Régimen Nacional de Obras Sociales, que pasará de $323 a $419.
Al ser una suma fija, que pagan por igual todos los inscriptos, el impacto de la medida varía y es mayor en los que menos facturan. Así, en los monotributistas categoría B (que facturan hasta $48.000 anuales), representa un incremento del 18,5%, mientras que en los de categoría E (hasta $144.000 anuales) representa una suba de entre el 13,9% (para locaciones y servicios) y el 14,24% (bienes muebles) y para los de categoría L (hasta $ 600.000), de sólo el 3%.
Hay además un grupo de contribuyentes en los que el aumento no tiene ningún impacto: son los monotributistas que además trabajan en relación de dependencia y por eso no pagan ni la contribución al SIPA ni aportes a la Obra Social.

¿Cuáles es el parámetro para presentar declaraciones juradas de Ganancias y Bienes Personales?
En el caso de Ganancias, a partir de marzo y tras la nueva resolución de la AFIP, todo trabajador con ingresos anuales superiores a los $300.000 en el ejercicio previo debe hacer una presentación de Declaración Jurada; y en el caso de Bienes Personales un patrimonio de $305.000, obliga al contribuyente a hacer lo propio. La relación que tienen estas cifras con los ingresos y bienes reales de la población activa en la Argentina reclaman una pronta actualización.

¿Qué es una Declaración Jurada?
Es una manifestación bajo juramento como cualquier formulario público que rubricamos con una firma o una clave.
En la de Ganancias, se tiene que componer un patrimonio neto al inicio más la suma de ingresos/ganancias en el año, menos lo que consumí –excluyendo deducciones- nos da como resultado el patrimonio neto final.

¿Qué son los Bienes Personales?
Es un impuesto, aún de Emergencia, creado en 1991, que se prorrogaba anualmente hasta que en 2009 se extendió por 10 años. La base en un comienzo se fijó en $101.300 y se actualizó hasta $305.000, en 2007.
En otras palabras, la compra de un auto de segmento medio o un bien con un valor equivalente o superior a ese monto, obliga al contribuyente a hacer una Declaración Jurada de Bienes Personales, porque para el Estado usted ingresa en el radar de lo que se considera riqueza en la Argentina.

¿Cómo se paga ese tributo?
A través de una escala, que comienza en $305.000 y hasta $750.000. En ese primer rango, se paga el equivalente al 0,5% anual sobre el patrimonio total declarado.
Entre $750.000 hasta $2 millones, se tributa el 0,75%; entre $2 y $5 millones, el 1%; y aquellos que superan los $5 millones, deben pagar el 1,25% anual siempre sobre el total.

# EN NUMEROS #

1,03

Son los millones de trabajadores que pagaron el impuesto a las Ganancias, según datos del Centro CIFRA de la CTA (2014).

El mismo se complementa con el impuesto a las ganancias, porque también compones patrimonio y a pesar que la manera de componer el mismo en uno y otro son distintos, los bienes a declarar son los mismos.
¿Qué es la factura electrónica?
Es igual a la manual y la única diferencia es que la manual tiene un CAI, que es el Código de Autorización de Impresión, la solicitud que pidió el contribuyente a la imprenta emitida por la AFIP. En cambio, en la electrónica es automático y se realiza a través del sitio de la AFIP o vía una interfaz y en estos casos se emite un CAE, que es un Código de Autorización Electrónico.

¿Por qué?
Hay varios motivos, sobre todo tiene que ver con el uso masivo de la informática y es más sencillo y operativo hacerlo de esta forma, también un menor uso de papel y el control impositivo. La misma, viene de la mano con otros regímenes como citi ventas y citi compras donde cada empresa debe presentar a la AFIP sus ventas y compras mensuales además de la presentación web de una declaración jurada de IVA.
Las tres categorías más altas del monotributo están obligadas a utilizar factura electrónica, es decir, con ventas anuales iguales o superiores a $240.000. El mismo tiene recategorizaciones cuatrimestrales, hay que ver el año calendario anterior. Para el resto de las categorías es opcional (Ver recuadro).

¿Qué le conviene a un veterinario?

# EN NUMEROS #

$267.075

Son los millones que recaudó el Estado en concepto de Ganancias durante 2014, última cifra oficial de la AFIP. Es el tercer impuesto más importante del país y representó el 22% de la recaudación ese año.

Depende mucho la actividad, no es lo mismo aquel que trabaja con grandes animales donde conviene aún utilizar la factura en papel. Lo mismo sucede con aquellos veterinarios de mascotas que hacen visitas a domicilio.

¿Cómo se hace una factura electrónica?
Hay tres maneras: El primer mecanismo posible implica la utilización del programa “RECE-Versión 4.0”, mediante el cual se envían a la AFIP los pedidos de autorizaciones de impresión. Luego, están los comprobantes en línea –el sistema más utilizado por monotributistas-, en la misma página se confeccionan las facturas sin costo adicional. Y por último, aquellas empresas que tienen un sistema informático de gestión, mediante un servicio web pueden conectarse a la AFIP y replicar las facturas en el sistema automáticamente.

Foto CV DughettiRoberto Dughetti.
Director comercial en Co Panacea S.A.
roberto.dughetti@panacea.com.ar

Veterinarios a prueba de todoEn los últimos años se ha popularizado en el mundo una serie documental de Discovery Channel: “Man vs Wild” o “A prueba de todo”, en Latinoamérica.
En ella, el irlandés Edward Michael Grylls (apodado como Bear Grylls) protagoniza una suerte de reality show acerca de cómo sobrevivir -en plena naturaleza- en las condiciones más hostiles: con un cuchillo, una cantimplora y un pedernal (piedra con sílice usada para hacer chispas y encender fuego).
Bear Grylls, ex soldado de las fuerzas especiales británicas, el más joven escalador que ascendió al Everest, escritor y aventurero experto, es capaz de sobrevivir a las condiciones más adversas en variados entornos extremos, como los climas tropicales, glaciales, de alta montaña, desérticos y templados.
Resulta entretenido dejarse llevar por el relato, sus consejos de supervivencia, la creatividad para resolver los problemas que se presentan y esos excelsos paisajes tan diversos que le dan un marco fascinante.
Todos los veterinarios tenemos algo de Bear Grylls dentro; nos enamora la naturaleza, pero en el medio de ella –como pasa con nuestra cotidiana realidad– creemos que debemos enfrentar la posibilidad de sobrevivir en la soledad y el desamparo más absolutos. Así es como muchos piensan que las cosas son de ese modo y que sólo hay que esperar que las circunstancias mejoren o sean más favorables.

Orientar al destino

Sin embargo, nada está más alejado de la realidad, pues no se tiene en cuenta que, sin olvidarse del ambiente externo (variables no controlables) Grylls pone el acento en aquello que él es capaz de modificar (variables controlables).
Este hombre, acostumbrado a los desafíos intensos, no maldice a las fieras (amenazas), enciende fuego para ahuyentarlas, aprovecha cada uno de los alimentos que le ofrece la naturaleza o puede procurarse (oportunidades).
Eso supone que trate de descubrir en dónde está, hacia dónde quiere ir (objetivo) y cuál o cuáles son los posibles caminos para llegar (estrategias).
Sabe que sus conocimientos, destrezas y habilidades (fortalezas) son sus herramientas más importantes y trata de conservar de la mejor manera sus fuerzas físicas y sus lugares más vulnerables (debilidades).
El mensaje intenta ser claro: no hay que deambular sin sentido; hay que sentarse a pensar en lugar de caminar sin rumbo, concentrarse en cómo conseguir agua potable y alimentos, recapacitar acerca de cómo se llegó a este lugar, si se ha pensado en el destino y qué caminos se nos ofrecen.
La capacitación en las distintas facetas del negocio es de importancia capital y la ayuda de profesionales para la gestión puede ser trascendental. Pero las decisiones son propias, así como también los beneficios y los riesgos de asumirlas.
No obstante las dificultades que le ofrece al veterinario esta materia, trazar una estrategia y ejecutarla le darán un sentido a su trabajo, pondrá a la tarea profesional dentro de un proyecto; y si a eso se le agrega pasión y alegría, el bienestar y una mejor vida estarán mucho más cerca.
Por eso, aquello que alguna vez se marcaba como beneficioso, hoy se ha vuelto –a la vez- imprescindible.
Si la veterinaria está decidida a progresar y hacer frente a este cambio, el desafío supone una concienzuda evaluación del contexto, esto es, entender las transformaciones culturales, regulatorias, tecnológicas y del entorno competitivo; establecer la brecha entre la situación actual y aquella que se pretende alcanzar, respondiendo honestamente qué tan alejado se está del propósito buscado.
A la vez de determinar cuáles son los problemas reales del negocio que explican esa distancia; desarrollar una visión, proyectando a la veterinaria a mediano o largo plazo, ponerla en palabras y comunicarla al resto del equipo de trabajo. Será clave también diseñar un plan de acción que no será, ni más ni menos, que escribir las metas a alcanzar, los pasos que se deben dar, los recursos que se van a emplear y los tiempos a cumplir; evaluar y medir los resultados de los cambios para realizar las correcciones que correspondan y rectificar el rumbo hacia el destino deseado.
Según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, el estrés laboral es el segundo problema de salud relacionado con el trabajo más frecuente en Europa.
Ahora bien, las causas de estrés laboral más habituales son: la reorganización del trabajo o la precariedad laboral (72% de los encuestados), las largas jornadas laborales o una excesiva carga de trabajo (66%).
En ese marco, vale decir que la Organización Mundial de la Salud considera que una mala organización del trabajo (es decir, el modo en que se definen los puestos y sistemas de trabajo, y la manera en que se gestionan) puede provocar estrés laboral.
Alguna o más de una de estas negativas características como: la desorganización, la precariedad, las largas jornadas laborales o una excesiva carga de trabajo son dificultades frecuentes en nuestra profesión. ¿No?
Es posible modificar la situación propia dentro de entornos difíciles, pero para ello hay que poner manos (y cerebro) a la obra: trabajar en aspectos donde habitualmente no lo hacemos, salir de nuestra área de confort y dejar atrás eso de regodearnos con la queja.
Sólo hace falta la decisión de renovarse y optimizar la realidad poniendo -como Bear Grylls- la carga valorativa más importante en preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo y qué puedo hacer distinto para mejorar?
Dijo Paulo Freire: ”Los sueños son proyectos por los que se lucha. Su realización no se verifica con facilidad, sin obstáculos. Por el contrario, supone avances, retrocesos, marchas a veces retrasadas. Supone lucha.”