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El que se enoja (siempre) pierde

Luciano Aba

Luciano Aba Luciano Aba
Editor Revista 2+2
Web: dosmasdos.com.ar
Twitter: @aba_luciano

 

yogaPoco aportaremos en esta época del año si iniciamos este artículo sosteniendo que la comunicación efectiva entre las personas resulta sustancialmente más compleja de lo que muchas veces solemos imaginarnos.
Esto no es nuevo y podrán corroborarlo sin dudas en su rutina diaria: muchos de los malos entendidos o las discusiones que mantenemos con familiares, amigos y hasta clientes tienen que ver con “ruidos” en la comunicación.
Suponemos, no escuchamos, interrumpimos y prejuzgamos…
Todas acciones que van en contra de la efectividad mencionada y mucho más si, entre medio, nos enojamos. El enojo y la buena comunicación no van de la mano.
Diversos son los motivos por los cuales podemos ponernos de mal humor (inclusive rápidamente): cuando nos frustramos por no lograr nuestras metas; cuando tendemos a ser pesimistas o a ver solo los aspectos negativos de las cosas o cuando el estrés nos sobrepasa…
Sin embargo y buena parte de las veces, nos enojamos sin motivos reales.
Nos enojamos y punto. Es una reacción emocional difícil de controlar. ¿No?
“Cuando hablamos del mal humor, es importante recordar que es contagioso. Una mala palabra, un gesto, un silencio prolongado o cualquier cosa que molesta a una persona y que ésta transmita a los demás con su expresión corporal, puede ser suficiente para que el mal humor se instale en el ambiente y todos los allí reunidos acaben enojados”.
La frase pertenece a la licenciada en Psicología Clínica Silvia Russek, quien a través de su blog (crecimientoybienestaremocional.com) también explica: “El mal humor te impide disfrutar de la vida, afecta tus relaciones, influye en tu conducta y tu desempeño y daña tu salud”.

Así, no te hablo

En el ámbito privado, uno puede enojarse las veces que quiera y con quien quiera, pero ya cuando nos volcamos al área laboral, la situación cambia.
Los consultorios y comercios veterinarios son en nuestro país, entre otras tantas cosas, centros de reunión social.
La gente entra y sale de las veterinarias, con sus problemas, dudas y frustraciones a cuesta, muchas de las cuales terminan afectando al personal del local e inclusive a sus propietarios.
Pero vayamos por partes.
Como es sabido, muchas de las recomendaciones que los clientes acepten o de los productos e insumos que adquieran en las veterinarias dependen del modo en que las propuestas sean comunicadas.
Sin ruidos, de forma concreta y ordenada sería el ideal.
Claro está entonces que nadie que se encuentre enojado podrá realizar esa tarea de manera efectiva.
Podrá intentarlo… Podrá creer que así y todo lo logrará, pero eso no será posible. Sobran ejemplos de ello.
Existen diversas técnicas para instrumentar una estrategia de comunicación efectiva desde las veterinarias hacia sus clientes, pero la primera de las medidas a considerar está al alcance de todos y lejos del mal humor.
En el juego de ofrecer y vender existen varios resultados posibles, pero uno es seguro: el que se enoja, pierde.

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