HomeEdición ImpresaMatrimonio y patrimonio: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Matrimonio y patrimonio: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Toda persona que se casa tiene derecho a elegir el régimen en la sociedad conyugal. Desde 2015 existen en nuestro país dos opciones: la tradicional “comunidad de bienes”o el régimen de “separación de bienes”. ¿Qué pasa con las veterinarias?

Escribe Leonardo Glikin

Del “contigo, pan y cebolla”, a la posibilidad de plantearse adultamente cuál es el régimen que mejor protege los intereses de cada contrayente, y el de sus familias de origen llegado el momento del divorcio. ¿La clave? No sólo hay que saber qué puede elegir cada uno, sino también cómo plantearel tema de manera adulta y objetiva con la pareja.

TE RESUMIMOS LA NOTA EN OTRAS 5 FRASES

1. La nueva ley establecida en Argentina promueve que el régimen de bienes elegido puede cambiar una vez por año. Quienes se encontraban casados cuando entró a regir el nuevo Código Civil y Comercial tienen derecho, a partir de agosto de 2016, a dejar de lado el régimen de comunidad de bienes y optar por un régimen de separación de bienes.
2. Si alguien que está casado por el régimen de “comunidad de bienes” recibe intereses por su capital propio (o sea, anterior a su matrimonio), los bienes que adquiera con esos intereses se consideran gananciales. Lo mismo ocurre con los dividendos de la sociedad en que participa, o con la cosecha de los campos.
3. En cambio, si ha optado por el régimen de “separación de bienes”, tanto los intereses, como los dividendos, como el valor de la cosecha, fruto de su capital original, sigue siendo propio, y no debe dividirse con el cónyuge en caso de separación o fallecimiento.
4. La idea de “contigo pan y cebolla”, sumada al estado de enamoramiento como justificativo para no hablar de temas materiales, hace que -muchas veces- la discusión respecto del régimen de bienes se postergue, hasta que cada vez resulta más difícil plantearlo y evaluarlo.
5. La única manera de afrontarla es con la guía y la experiencia de expertos, capaces de ayudar a los futuros cónyuges a analizar la situación patrimonial de cada uno, a proyectar las respectivas expectativas a futuro-.

 

Novedades

Desde el mes de agosto de 2015, toda persona que se casa tiene derecho a elegir el régimen de bienes en el matrimonio, lo cual significa optar entre dos alternativas: sujetarse a la tradicional “comunidad de bienes” (lo que comúnmente se denomina “sociedad conyugal”) u optar por un régimen de “separación de bienes”.
En este último caso y si el matrimonio culmina vía divorcio, los bienes que cada uno haya adquirido seguirán siendo propios y no tendrán que dividirse al finalizar el vínculo marital.
A su vez, si el matrimonio finaliza por fallecimiento, el cónyuge heredará en la misma proporción que los hijos en común, a diferencia de lo que ocurre en el régimen de “comunidad de bienes”.
De este modo, al viudo o viuda le corresponde la mitad de los bienes adquiridos por cualquiera de los cónyuges durante el transcurso del matrimonio.
A su vez, la nueva ley establecida en el territorio argentino establece que el régimen de bienes elegido puede cambiar una vez por año: todos aquellos que se encontraban casados cuando entró a regir el nuevo Código Civil y Comercial tienen derecho, a partir de agosto de 2016, a dejar de lado el régimen de comunidad de bienes (que era el único existente con el viejo Código) y optar por un régimen de separación de bienes.

Blanco sobre negro

Las diferencias entre un régimen y otro son significativas, especialmente para quienes inician el matrimonio con una diferencia patrimonial importante respecto de su cónyuge, por ejemplo disponiendo el título de propiedad de un local veterinario.
¿Por qué?
Esto es así ya que en el régimen denominado comunidad de bienes, las rentas u otros beneficios que produzcan los bienes propios se consideran, en todos los casos, gananciales.
En tanto que, en la alternativa de separación de bienes, todo lo que generen los bienes propios,seguirá siendo propio con el paso del tiempo.

¿Cómo funcionaría esto en la práctica real?

Para ejemplificar: si alguien que está casado por el régimen de “comunidad de bienes” recibe intereses por su capital propio (o sea, anterior a su matrimonio), los bienes que adquiera con esos intereses se consideran gananciales.
Lo mismo ocurre con los dividendos de la sociedad en que participa, o con la cosecha de los campos.
En cambio, si ha optado por el régimen de “separación de bienes”, tanto los intereses, como los dividendos, como el valor de la cosecha, fruto de su capital original, sigue siendo propio, y no debe dividirse con el cónyuge en caso de separación o fallecimiento.
Pese a la notoria diferencia entre unaalternativa y otra, son pocas las parejas que, hasta el momento, han elegido la separación de bienes.
Ocurre que todavía no se ha producido un cambio cultural que permita conversar estos temas con naturalidad dentro de la pareja.
La idea de “contigo pan y cebolla”, sumada al estado de enamoramiento como justificativo para no hablar de temas materiales, hace que -muchas veces- la discusión respecto del régimen de bienes se postergue, hasta que cada vez resulta más difícil plantearlo y evaluarlo.

Así como cuando subimos a un avión lo primero que nos indican es dónde se encuentran las puertas de salida, conocer estas alternativas debería ser un requisito indispensable para transitar un viaje tan especial como es el matrimonio.”

Como no existe una huella en la generación de los padres (o en el caso de las personas que se casan por segunda o tercera vez, es la primera oportunidad en la que podrían optar por la separación de bienes) introducir el tema y tratarlo adulta y objetivamente no resulta fácil.
Paradójicamente, visto desde la persona con más patrimonio dentro de la pareja, la negativa del otro a tratar el tema podría llevar a preguntarse si esa persona no se está casando por codicia, o sobre la base de una especulación que, justamente, debería llevar a prender todas las alarmas.
Sin duda, se trata de una conversación difícil.
Y, muchas veces, la única manera de afrontarla es con la guía y la experiencia de expertos, capaces de ayudar a los futuros cónyuges a analizar la situación patrimonial de cada uno, a proyectar las respectivas expectativas a futuro-
Solo a partir de esta base se podrán encontrar las herramientas más adecuadas para que el matrimonio no signifique exponer el patrimonio como si fuera una apuesta a ciegas.
Así como cuando subimos a un avión lo primero que nos indican es dónde se encuentran las puertas de salida, conocer estas alternativas debería ser un requisito indispensable para transitar un viaje tan especial como es el matrimonio.

Leonardo Glikin

Director de CAPS Consultores. Abogado UBA, está especializado en empresas de familia y es consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria.
En Facebook: @CAPSconsultores.

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