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¿Qué compramos? ¿Marcas o salud?

Ya no alimentamos a las mascotas para dar proteínas, grasas, minerales y vitaminas para mantener su estado,  sino para mejorar su calidad de vida (y la nuestra) y aumentar la expectativa de años bien vividos.

Escriben Sandra Rivadulla y Daniel Pampin

Ya hace años que el mercado está siendo “bombardeado” por un arsenal de marketing que nos presenta alternativas de alimentos balanceados segmentados por raza, edades, tipo de croquetas y consistencia de las mismas, hasta llegar a extrapolar conductas humanas en alimentación y pretender transformar a un perro en vegetariano.
Si tomamos las referencias del organismo de consulta más respetado a nivel internacional llamado AAFCO (American Association Feed Controp Officials), veremos que un perro para vivir necesita un mínimo de 18% de proteínas y 5% de grasa si es cachorro, llevando esos valores a 22% y 8%, respectivamente, si es adulto.
Es decir que, salvo la excepción de un perro obeso o con tendencia a la obesidad, el animal come para satisfacer necesidades calóricas y con una excelente fórmula puede, graduando el consumo según actividad, temperatura ambiente o estadio fisiológico, mantener un buen estado nutricional.

¿Y la salud?

Esto es lo que ha cambiado en los últimos años: ya no alimentamos para dar proteínas, grasas, minerales y vitaminas para mantener su estado, sino para mejorar su calidad de vida (y la nuestra) y aumentar la expectativa de años bien vividos.
Entonces ya no basta con lo anterior.
Hoy buscamos salud intestinal, esa que dan los prebióticos como la pulpa de remolacha, los mananooligosacáridos, complejos herbales naturales como el jengibre, hinojo, canela, extractos de Yucca.
Incorporamos antioxidantes, a los cuales no alcanza con solo mencionarlos como herramienta de marketing. Deben estar en cantidades apropiadas y ser un pool entre los hidrosolubles y liposolubles, ya que las células (afectadas por los radicales libres que se producen naturalmente por la actividad, el stress, la polución) deben protegerse íntegramente: membrana, citoplasma y núcleo; por eso el uso de betacarotenos, taurina, polifenoles, luteína, licopeno, vitaminas C y E, selenio y extractos vegetales como romero, cúrcuma.
Propendemos a una mayor inmunidad por el uso de ciertos anticuerpos o por la adición de nucleótidos de levadura que estimulan las defensas actuando sobre el linfocito T directamente ligado al recuerdo inmunitario o aumentando la producción de anticuerpos post vacunal, también el aporte de complejos naturales como la caléndula.
Incluimos ácidos grasos de origen marino (9 veces más eficaces para el perro que los de origen vegetal) que desinflaman piel y articulaciones, mejoran corazón y tienen un efecto notable sobre lo cognitivo en los perros viejos y sobre el aprendizaje en los cachorros.
El respeto a una buena fórmula, que debe ser cerrada, sin modificar ingredientes por el cambio del costo de los mismos, los controles de proceso, la selección de materias primas estrictamente controladas, sin el uso de colorantes artificiales dañinos para el organismo, son también aseguramiento de la salud.
Basta con ver los problemas que azotan al mundo de los alimentos balanceados vinculados a contaminación con salmonellas, listeria, coliformes o micotoxinas o bien, cuando aquellos dueños que buscan abaratar costos incluyen en las dietas ingredientes como las carcasas donde, la posibilidad de tener problemas con salmonellas o campylobacter se incrementan.
Nutrir bien es posible, no son necesarios arsenales de alimentos y mucho menos de suplementos minerales o vitamínicos.
Una fórmula con la densidad nutricional adecuada, un perfecto equilibrio de macro y micronutrientes y que considere las recomendaciones anteriores es garantía de una mejor y mayor vida, belleza de pelaje, eficiencia reproductiva y absoluto potencial de desarrollo.

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