Tener jefe

Escribe Eduardo Kastika
Dr. en Ciencias Económicas (UBA)
Web: www.kastika.com
Twitter: @EduardoKastika

 

“El derrotero de nuestras ideas parece terminar siempre en la opinión de nuestro jefe”

“El derrotero de nuestras ideas parece terminar siempre en la opinión de nuestro jefe”

El vínculo con un jefe es una de las claves que más afecta a la creatividad de una persona.
Hay muchas variantes: tener más de un jefe, un jefe que no importa tanto como el “jefe del jefe”, jefes remotos, jefes que se creen líderes pero sólo son jefes, jefes excelentes… Aun así, el derrotero de nuestras ideas parece terminar siempre allí: en la opinión de nuestro jefe.
Como si “ese” vínculo transformara todo lo demás en relativo.
Sabemos que el (llamémoslo así) feed back de un jefe depende de variables distintas al valor de nuestras ideas. Pero, igual, su mirada termina impactando no ya en nuestros resultados creativos sino en algo más esencial: en el entusiasmo por persistir en nuestras ideas.
Hay vínculos con jefes que son desastrosos. En la mayoría de las decisiones de dejar un empleo aparece la figura del jefe como causante.
También, por supuesto, hay vínculos que son extraordinarios. Un buen jefe puede ser un gran maestro, un líder, un coach.
Hay gente que decide quedarse en su actual trabajo por el vínculo con un buen jefe.

Un clásico. Tiempos infinitos para proyectos que luego quedan en la nada. ¿Quién decidió que era “para ayer”? Nadie se acuerda.
Aunque esta intermitencia es letal para la creatividad, es una pieza clave de los ambientes en donde trabajamos en coordinación con otras personas: los proyectos compiten entre sí, a veces nos tocan proyectos ganadores y a veces perdedores.
No depende 100% de nosotros.
Claro, en teoría se explica fácil. Pero es lógico que si dedicamos siete meses de nuestra vida laboral a trabajar en algo que de un día para el otro pasa a ser intrascendente, no nos quede ningún tipo de entusiasmo para encarar nuevos proyecto.
La primera premisa aquí es no enfurecerse con estas situaciones, ni empezar a administrar culpas. Si, es difícil convivir con personas que piden con extrema urgencia trabajos que luego dejarán archivados en un cajón para siempre. Pero también lo es vivir con clientes que exigen y no compran, públicos demandantes que no aplauden y comensales que dejan manjares en sus platos.
Por eso, la segunda premisa es intentar que estos fenómenos no impacten de lleno en nuestro entusiasmo creativo. Es decir, tratar que estos fenómenos no nos lleven a jugar “a media máquina” con la justificación (legítima) de que hagamos lo que hagamos, los resultados serán siempre relativos.

Hay un tercer tipo de vínculo que es el que más me interesa. Es el que se produce cuando nos acostumbramos a lidiar con nuestro jefe y convertimos nuestra vida laboral en una especie de partido de ping pong, en donde tenemos que devolver todas las pelotas.
Pegándole como sea, no importa. Algunos puntos los ganaremos, otros los perderemos. Pero lo importante es encontrar sus vicios, sus defectos, sus debilidades y “jugarle ahí”. Para ganar lo más tranquilos posible y no hacernos demasiados problemas.
Es un estilo.
Es como jugar todas las semanas con el mismo contrincante. Al final del año haremos un balance y tal vez hayamos ganado. El premio en efectivo puede ser interesante. Pero el recuerdo de 52 partidos, todos iguales, no creo que sea nada excitante.
Comprendo que en algunas áreas de nuestra vida, a veces, es necesario sostener este tipo de vínculos. Pero una cosa es mantener esta situación por un tiempo limitado y por alguna razón en especial: quiero ahorrar para mudarme… Y otra cosa es hacer de nuestra vida laboral un eterno ping pong.

Recomendaciones

-Recordar que la opinión de un jefe no debería generar frustración en cuanto a nuestra propia creatividad. Existen otros jueces: hay que buscarlos.
– Valorar a quienes realmente logran estimularnos. La opinión de quienes construyeron una imagen de súper exigentes no es necesariamente más importante que otras.
– No invertir energías en contar repetidamente anécdotas e historias de las vicisitudes con nuestros jefes. Creemos que nos descargamos pero hacemos justo lo contrario.

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