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Opinión

No es tiempo de andar fiando…

Más allá de los avances de las tecnologías, la cobranza en los mostradores de las veterinarias ubicadas lejos de las grandes ciudades sigue siendo un tema relevante que contemplar.

Escribe Luciano Aba

Si bien con el paso del tiempo y el acceso a las nuevas tecnologías se han logrado avances en el tema, el momento de la cobranza en el punto de venta veterinario sigue siendo uno de los grandes cuellos de botella de la profesión.
Pero no nos centraremos en esta oportunidad en las tantísimas oportunidades que los veterinarios argentina responden gratuitamente consultas encubiertas por parte de sus clientes en el mostrador.
Tampoco machacaremos sobre la importancia de conocer al detalle cómo funcionan los medios de pago (débito y crédito) que se siguen instalando en los comercios. Para otro momento quedará también el debate sobre por qué en muchas veterinarias se sigue facturando a fin de mes, quizás hasta más de 30 días después de vendido el servicio o el producto. No lo olviden: por más que todos sepamos la verdad, hasta que no se emite la factura, no empieza a correr el tiempo real del pago…
En esta oportunidad haremos foco en una práctica más antigua y profunda. Surgida de la propia confianza y rol social que ocupan las veterinarias principalmente en el interior de nuestro país.
¿Es posible seguir fiándole a los clientes?

Podría ocurrir que aquellas personas que se saben en deuda
comiencen inclusive a no ir (ni pasar) por la veterinaria. Algo que pudo ser una ventaja para el cliente, termina siendo un peso
que no solo dificulta la cobranza de lo adeudado, sino que aleja a esa persona de su vínculo habitual con el local.

Quizás con el boom de informaciones y novedades al que somos sometidos, sumado al centralismo con el cual solemos mirar todo desde las grandes ciudades en nuestro país, nos impida ver que sigue siendo habitual aquello de que en las veterinarias “se quede debiendo” …
Se puede anotar en papelitos, o en una libreta, son diversas las formas que siguen empleándose. Pero, en los tiempos que corren, las tasas de interés reflejan ese elevado costo de la plata en la Argentina y una mala administración de las cobranzas puede desencadenar una ruinosa bancarrota, incluso para el más experimentado de los veterinarios.
Sin dudas esto nos lleva a recordar la importancia de contar con presupuestos financieros, cuentas corrientes actualizadas y conciliadas de los clientes, estadísticas con el historial de pagos de cada cliente, balance de cobranzas global, ranking de antigüedad de facturas no cobradas, archivos ordenados que incluyan legajos para cada cliente, fijación de límites de crédito (incluso para los clientes más confiables) y cálculo del cupo restante para cada uno.

El precio de la confianza
Nadie discute el nivel de cercanía que los veterinarios argentinos han logrado con “el barrio” en el cual están instaladas.
También queda claro que esta confianza mutua también permite soslayar ciertos errores o demoras en el servicio y es percibido por el cliente como un beneficio concreto. El cual ciertamente es.
Frente a esto, hay dos conceptos sobre el cual el veterinario debería trabajar.

  1.  El seguimiento periódico de estas cuentas y la recordación permanente (y en buenos términos) cada vez que se está en contacto con el cliente. Esto hará que el beneficio que se está dando, sea bien recibido por el otro..
  2. El establecimiento de un registro único para el comercio, el cual no dependa de una persona en particular. Debe ser una práctica conocida por todo el personal.
  3. Podría ocurrir que aquellas personas que se saben en deuda comiencen inclusive a no ir (ni pasar) por la veterinaria. Algo que quiso ser una ventaja para el cliente, termina siendo un peso que no solo dificulta la cobranza de lo adeudado, sino que aleja a esa persona de su vínculo habitual.
  4. En definitiva, queda claro que en los momentos que corren sería ideal poner en marcha planes para dejar las cuentas en 0, recuperar liquidez y dejar de financiar el crédito de los clientes de manera ilimitada.

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