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Tambo: ¿Crisis de precio o de costos?

La lechería es una actividad más intensiva que la producción de carne, donde no todo es explicado por lo que se paga el litro de leche, sino que también se debe contemplar el peso de los insumos, los componentes impositivos y tarifarios de la actividad y, por supuesto, el clima y las condiciones de producción.

Escriben: Antonio José Casteletti y Eduardo Ponssa.

Si la economía argentina se caracteriza por su ciclicidad (entre otros aspectos), la lechería no se queda atrás. Y no solamente nos referimos a los ciclos biológicos que constituyen su naturaleza productiva, sino también a los mercados.
Veamos entonces rápidamente qué ha ocurrido con los precios al productor.
En el Gráfico N° 1 se muestra el precio de la leche cruda por litro en el tambo expresado en pesos constantes de junio 2018 (indexados por el IPIM, inflación mayorista) y el promedio, para el período comprendido entre enero de 1999 y junio de 2018, según Series de Precios de CREA.
En base a este gráfico destaquamos las dos primeras cosas que nos vienen a la vista y que intentan explicar la variabilidad observada. 1) Una tendencia ascendente en el largo plazo. 2) La presencia de ciclos recurrentes.
El primer factor no deja de ser una buena noticia.
A la larga, la leche tiende a valorizarse, y lo ha hecho en promedio a un ritmo mayor al de la inflación.
De hecho, a partir de 2009, prácticamente en todo momento se superó el promedio histórico de $5,1 por litro.
La segunda observación podríamos decir que constituye un desafío.
Y como todo desafío, sabemos que enfrentarlo no es nada sencillo, más aún en casos donde se superponen los ciclos económicos con los productivos (derivados a su vez de los ciclos climáticos).
¿Qué pasa cuando además de bajos precios el productor lechero enfrenta contingencias climáticas desfavorables como, por ejemplo en 2016. ¿Y si además suben los costos? La respuesta es dura e inevitable: según el Senasa unos mil tambos cerraron en el país entre 2008 y 2017.
Más allá de la tendencia y la presencia de ciclos, también hay variaciones que obedecen a factores coyunturales y que contribuyen a la variabilidad global de los precios.
El promedio de las variaciones de precio respecto a la media (es decir, el Desvío Estándar) es de $1,7 por litro.
Esta es la variabilidad “media” del período analizado, la cual representa un 33% del promedio. Es bastante probable, entonces, que el precio de la leche oscile entre más y menos 33% del precio promedio.

Gráfico N° 1. Evolución del precio del litro de leche cruda en pesos constantes de junio 2018, y promedio de los últimos 19 años.

 

Gráfico N° 2. Índice base dic. 2011=100 del valor del dólar, leche en góndola, leche cruda e IPIM entre 2011 y junio 2018.

¿Quién gana en el largo plazo?
Ahora analicemos con mayor detalle lo ocurrido en los últimos años, a partir de fines de 2011, en materia de precios.
Para ello tomaremos los precios corrientes (es decir sin indexar por inflación) y los referiremos al valor que tenían en diciembre de 2011, el cual será considerado el valor 100.
Por ejemplo, la leche cruda en diciembre de 2011 valía $1,5 por litro; un dólar valía $4,269 y el índice de inflación mayorista se ubicaba en 505,36 unidades.
En junio de 2018, estos valores se encontraban en promedio en $6,56 el litro, $26,38 por dólar y 2069,53 unidades (IPIM).
Expresados sobre base 2011=100 la leche tendría un índice de 437,3 (que surge de dividir 6,56 por 1,5 y multiplicar por 100); el dólar de 617,9 (26,38 / 4,269 x 100) y la inflación de 409,5 (2069,53 / 505,36 x 100).
Esto nos indica que el dólar fue “el precio” que más “subió” (lo hizo en un 517,9%), seguido de una suba del 337,3% en la leche y luego la inflación mayorista con un alza de 309,5%.
En otras palabras: ganó el dólar, pero la leche “le ganó” a la inflación, al menos analizando “punta a punta” ese período.
En dólares, la leche valía 35 centavos en 2011, mientras que en junio de 2018 no llegaba a los 25 centavos.
Esta situación ilustra claramente la pérdida relativa del valor de la leche frente a la divisa estadounidense.
En el Gráfico N° 2 se presenta la evolución del mencionado índice y también le agregamos el índice correspondiente al precio de la leche en góndola.
Vemos que el dólar fue el que más tasa de incremento experimentó, y luego lo hizo la leche en góndola.
La leche cruda obtiene la tercera posición, por encima del incremento inflacionario (salvo a fines de 2015 y parte de 2016 cuando la leche cruda “se quedó” frente a la inflación).
No obstante, en los últimos meses el aumento de la inflación tiende acercarse al incremento de la leche cruda, lo que significa que el poder adquisitivo del precio de la leche está descendiendo.
No así la leche en góndola que replica los valores inflacionarios (y a veces incluso los supera). Finalmente, hemos calculado el mismo índice base 2011=100 para el precio del novillito Holando y el maíz (Ver Gráfico N° 3).

Gráfico N° 3. Índice base dic. 2011=100 del valor del maíz, dólar, IPIM y novillito Holando entre 2011 y junio 2018.

 

Gráfico N° 4. Porcentaje del precio pagado a productor sobre precio pagado en góndola por el consumidor.

A pedir del maíz
Ahora el “gran” ganador es el maíz, superando incluso al dólar.
Esto explica que más allá de periódicas crisis de precios los tambos están viviendo una crisis de costos (en donde los granos y concentrados tienen una participación fundamental). Aquí no se analizan los costos de estructura ni el de la la electricidad, pero sabemos que éstos también han aumentado exponencialmente, contribuyendo a la mencionada “crisis de costos”.
El valor del novillito, por su parte, comenzó a superar a la inflación a partir de 2014, con importantes alzas durante 2016 y 2017.
Si bien en los últimos meses su precio nuevamente ha quedado rezagado por la inflación mayorista, su evolución, no obstante, muestra la creciente importancia que en muchos casos ha tenido la producción de carne dentro de la generación de los ingresos totales del tambo.
Otro análisis que podemos efectuar es cuánto representa el precio que obtiene el productor lechero respecto al precio de la leche que, como consumidores, pagamos en góndola (Gráfico N° 4).
Vemos que en abril de este año representó el 21%. El máximo fue del 28% (abril 2013) y el mínimo fue 15% (fines de 2015, principios de 2016) del valor en góndola, siempre considerando la serie de precios desde 2013 a abril de 2018.
El precio en góndola al consumidor es menos variable que el de la leche cruda en el tambo, según se observa en el Gráfico N° 2.
Cuando el precio en el tambo cae (o aumenta menos que la inflación) no suele ocurrir lo mismo con el precio al consumidor, lo que hace que se derrumbe la participación de la leche cruda sobre el valor final (por ejemplo, lo que ocurrió en 2015-2016).
En conclusión, analizar la evolución de precios de insumos y productos en relación a la inflación y a la cotización del dólar nos ayuda a interpretar la situación actual y las etapas transcurridas, a evaluar estrategias y proponer alternativas a futuro.
En el caso del tambo, en donde, por ser una actividad más intensiva que la producción de carne a pasto los costos de-sempeñan un papel superlativo, no todo es explicado por el precio de la leche, sino también el de los insumos, los componentes impositivos y tarifarios y, por supuesto, el clima y las condiciones de producción.

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