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Nota de tapa

Veterinaria On Demand, ¿ciencia ficción o realidad?

La puesta en marcha de servicios de consultas a distancia con foco en medicina humana pone sobre el tapete una discusión que tarde o temprano impactará en el sector veterinario. ¿Qué opinan hoy los referentes?

Por Luciano Aba

Las diversas visiones de los veterinarios entrevistados en este artículo pone de manifiesto la importancia de debatir el tema.

No hay dudas. La telemedicina ya es una realidad en la vida de las personas.
Se trata de una suerte de acuerdo tácito entre quienes no disponen de las condiciones o el tiempo necesario para esperar una consulta personal y los que pretenden una mayor cobertura territorial, con un servicio de calidad sobre temas de baja complejidad, inclusive pudiendo reducir sus costos.
Nadie podrá negar, tampoco, que la raíz de esta temática existe desde el momento mismo de la aparición de la electricidad, la telefonía o la televisión.
Pero hoy la situación es distinta.
La tecnología permite soluciones concretas que complementen la consulta personalizada entre médicos y pacientes.
Además, la protocolización de la atención a distancia asegura muchas veces respuestas concretas a partir de las cuales las recomendaciones surgen de manera natural y avaladas científicamente.

| LA OPINIÓN DE LOS VETERINARIOS |
Silvina Muñiz

Médica veterinaria. Actividad privada y presidente de la Asociación de Veterinarios Especializados en Animales de Compañía (AVEACA).

Veo posible la aplicación de la telemedicina en veterinaria si se dirige a los propios pacientes, como un complemento de la consulta. Esto implica que es una continuidad de la relación veterinario – propietario – paciente, donde ya existe un vínculo y un conocimiento.
Una limitante es que para llegar a un diagnóstico certero se necesita el contacto con el animal y su evaluación, y sería un grave error que los veterinarios emitieran diagnóstico por esta vía.
Las oportunidades están en poder llegar a distancia, contener a un propietario que puede estar preocupado, favoreciendo el vínculo, y anticipando problemas a veces serios que pueden pasar por alto si no llevan al perro o gato al consultorio. A su vez, el riesgo potencial más importante es el error y la mala praxis.
Generar un sistema de comunicación que le haga creer a las personas que acudieron a una consulta o fomentar el contacto virtual, en la medicina favorece indefectiblemente a la pérdida del diagnóstico presencial y el desarrollo de la clínica médica.
Si es bien comprendido, este avance puede generar muchos beneficios. Si no se comprende la utilidad y se desvirtúa, generará un caos. Médicos y pacientes robots.
Estoy de acuerdo en su utilización como una extensión del servicio médico veterinario en el domicilio.
Como una forma de mantenerse en contacto.

| LA OPINIÓN DE LOS VETERINARIOS |
Maricel Bianchi

Médica veterinaria, actividad privada y miembro del Colegio de Médicos Veterinarios de San Luis.

La telemedicina aplicada a la medicina humana es una práctica muy común que, como pacientes, solemos usar.
Todo aquel que tenga un amigo médico, especialista o podría recurrir vía WhatsApp en cualquier momento.
Suena lógico, entonces, darle un marco de consulta virtual desde una prepaga o empresa privada a esta metodología, que le permite al paciente contar -de forma permanente- con un profesional a su disposición.
Claramente trasladado a la veterinaria veo como impedimento el hecho de que nuestro paciente no habla. Por ende, es fundamental tener un diálogo con el propietario del animal y hacer una correcta anamnesis, como así también -y quizás más importante- hacer una buena revisión clínica. Creo que podría ser una opción para clínicas veterinarias que hagan medicina preventiva; que tengan un historial clínico prolijo y completo de cada paciente y como estrategia comercial. Por otra parte, se me ocurre pensar en la posibilidad de que genere un servicio de atención primaria con un profesional que este 24 Hs a disposición y que pueda resolver determinadas consultas y/o derivar casos urgentes a guardias, siempre y cuando se filtre con un pago anticipado de esta consulta.

| LA OPINIÓN DE LOS VETERINARIOS |
Marcelo Zysman

Médico veterinario. Actividad privada, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Algiología Veterinaria (SIAVET).

La telemedicina ya no es el futuro, sino el presente y abre un campo de acción importantísimo para el trabajo en este mundo globalizado, donde el concepto de una sola Salud ya es indiscutible.
Esto no solo ocurre en cirugías complejas, donde un cirujano reputado asiste con su presencia virtual a una resolución para un paciente complejo.
La telemedicina también rige para la interconsulta virtual, donde un médico -no importa la especialidad-, puede aportar información para la solución hablando con el paciente y el médico. Es decir, analizar posibilidades que le den al paciente un beneficio directo. Y de eso se trata la medicina: el beneficio del paciente, en tiempo y espacio real.
No contábamos con esto antes y puede ayudar muchísimo a las necesidades de los pacientes.
Y si bien es un avance para la profesión, tiene sus riesgos: porque puede caer en manos de gente inescrupulosa que le de una visión mercantil. Habrá que buscar una serie de pautas para sostener un criterio ético y moral.
A modo de conclusión, la telemedicina es una herramienta y como toda que eleve el nivel es bienvenida y sería ilógico en este momento limitarla porque viene a expandir el negocio, pero siempre bajo pautas y legislaciones claras.

¿Funciona en la actualidad?

No son pocos ya los hospitales (públicos y privados) y las empresas de medicina prepaga que incluyen a la telemedicina como un servicio más entre sus prestaciones.
También están disponibles Apps que ofrecen una consulta virtual -en tiempo real (sin importar ni el día, ni la hora)-, abonando con tarjeta de crédito.
Si bien es cierto que la fortaleza inicialmente destacada por las empresas de medicina prepaga tenía que ver con la posibilidad de contar con una herramienta con la cual tener acceso a pacientes en lugares alejados y poblaciones vulnerables, la realidad indica que el servicio es ofrecido para que las personas puedan resolver casos tan sencillos como un dolor de cabeza.
Aunque siempre destacando que se amplía la disponibilidad de profesionales de la salud a todo el territorio y que no reemplaza a los médicos, en el último tiempo se han generado herramientas que ya están al alcance de todos, gracias a la conectividad de Internet y al soporte de una computadora o un celular.

| LA OPINIÓN DE LOS VETERINARIOS |
Carlos Mucha

Médico veterinario. Actividad privada en Cardiología. Titular en Cardiología Veterinaria.

La telemedicina es, sin dudas, un cambio que llegará y se instalará en la sociedad. Como todo, genera una negación por parte de las partes involucradas, pero con el tiempo y bajo ciertas normas y regulaciones se transformará en una práctica habitual. Quizá el primer error es pensar que la telemedicina remplaza a la consulta clínica, cuando en realidad se trata de una herramienta más y con utilidad en casos específicos.
Sin dudas esto llegará también a nuestro sector, pero pudiendo presentarse de diferentes formas. Nosotros tenemos hace más de 8 años un servicio aquí y en varios países de América Latina de telemedicina basado en equipos de ECG que se colocan en las clínicas y teniendo de este modo un vínculo directo con el veterinario. En este modelo el servicio es entre profesionales directamente, esto es una forma de hacerlo (b2b).
En el planteo de la nota en cambio es otro modelo, es entre profesional y paciente como usuario final (b2c). Este último es el que requerirá de más regulaciones, y tendrá más limitantes.
En el 2017, la AVMA en USA aprobó las primeras guías en telemedicina veterinaria, y se aclara perfectamente el concepto base “la telemedicina es una herramienta en la práctica, no una disciplina dentro de la profesión”.
Particularmente considero esto como un área de oportunidad para la profesión, pero repito que bajo cierta forma de regulación y muy claramente expresadas.
Para las clínicas generales el modelo b2b con prestadores de servicios veterinarios será de gran utilidad, sobre todo para lugares en donde el acceso a especialistas sea dificultoso. Es decir, brindará mejores opciones en diagnóstico o terapéutica al veterinario. Nosotros estamos en este momento trabajando en un proyecto de este estilo b2b. Es un modelo más “simple”, ya que el vínculo es solo entre profesionales. Es decir, es una plataforma que une a dos veterinarios, sin vínculo directo con el dueño de la mascota. Ya un modelo b2c, es decir veterinario – dueño mascota, precisará más pautas y, como dije, regulaciones específicas, ya que también existirá un riesgo legal.

| LA OPINIÓN DE LOS VETERINARIOS |
Mónica Ponce del Valle

Médica veternaria. Presidente de Consejo Profesional de Médicos Veterinarios (CABA)

Adhiero a las palabras vertidas en la nota por un profesional: «el acto médico es presencial y requiere de la interacción del profesional con el paciente…» y agrego que, además, en el caso del ejercicio de nuestra profesión ni siquiera contamos con los síntomas, sino tan sólo con el relato de los dueños que, desde ya, pueden carecer de objetividad.
Por lo tanto, cobra doble importancia la identificación de los signos, cosa que no puede hacer otro que el médico veterinario por medio de la observación y revisación del paciente.
La tecnología claramente es importante y su advenimiento ha ayudado en mucho a un mejor diagnóstico y tratamiento de las enfermedades y/o problemas de salud. Pero su mal uso puede llevar a retroceder en igual magnitud con respecto a lo que se ha avanzado. No es un fundamento valedero la falta de tiempo o la distancia a un centro de salud en el caso de personas mayores.
Existe la posibilidad de solicitar una consulta a domicilio y si no se puede esperar un tiempo prudencial, ergo, es una urgencia que debe atenderse en una guardia.
La única oportunidad que veo para aprovechar de la tecnología es la educación acerca de la medicina preventiva. No hay beneficio en la consulta a distancia. Sí puede ser útil, como en el caso del servicio que utiliza la SAD, tener acceso a las historias clínicas y turnos por medio de una App.
No es correcto hablar de desventajas, sí de riesgos.
El primero es el desprestigio en primer lugar por el propio profesional que ejerza de esa manera, y en segundo lugar por la comunidad. Por otro lado, también puede estimular el intrusismo profesional desde el momento en que no es necesario interactuar con el paciente. Cualquier persona puede «responder preguntas concretas», habiendo buscado en Internet en cualquier Blog veterinario la respuesta «científica», y entonces estaríamos frente al principal riesgo, que es la mala atención de nuestros pacientes.

¿Cuáles serían sus ventajas?

Luego de repasar la información que comparten quienes ofrecen distintos tipos de telemedicina, podemos resumir las principales ventajas destacadas, en las siguientes: 1) El aumento en la edad de la población y la cronificación de enfermedades constituyen un desafío sanitario y financiero gigantesco. 2) Es un servicio que favorece a los adultos mayores: evita que tengan que desplazarse para una simple revisión y disminuye su dependencia. 3) Evitar movilizaciones innecesarias y mayor seguridad y sobrevida de los pacientes crónicos.
El gran desafío es hoy que el ejercicio de la telemedicina esté regulado, protegido y se realice bajo estándares de calidad.
En primera persona
Al tanto de la novedad que la telemedicina plantea y frente a un estado febril que -en apariencia- no representaba ninguna gravedad, Milagros se predisponía a llamar a un pediatra a domicilio para que, en el lapso de 5 horas, un/una profesional acudiera a ver personalmente a León y establecer allí si al día siguiente podría o no ir al jardín. Pero antes de hacerlo, recordó la posibilidad de Consultorio a Distancia que le ofreció durante todo el verano su Obra Social. Y lo hizo, vía celular.
No solo logró quedarse tranquila en cuanto a que la situación no tenía ninguna gravedad, sino que la médica que la atendió llevó adelante un protocolo tan detallado de preguntas, validaciones y sugerencias, que no quedó ninguna duda en cuanto a los pasos a seguir. ¿Otro dato? En todo momento quedó claro que se trataba de un servicio complementario y se indicaba la necesidad de visitar en persona a un médico en caso de que al día siguiente no se vieran mejoras.
Tal lo promedito, Milagros recibió vía e – mail dos adjuntos.
Por un lado, el certificado para que León no fuera al jardín al día siguiente y la receta (con código de barras), para comprar el medicamento en cuestión en alguna de las farmacias de la zona, adheridas a este tipo de servicio.

| LA OPINIÓN DE LOS VETERINARIOS |
Germán Mina

Médico veterinario. Actividad privada. Presidente del Colegio de Veterinarios de la provincia de Santa Fe.

Considero que en el ámbito de la comunicación y la informática, estamos lejos de poder imaginar cuáles pueden ser los límites y los alcances posibles.
Hoy en día no se puede negar la implementación de la telemedicina vía Web, ya se hacen algunas consultas por WhatsApp, Facebook, Instagram, etc. Pero que siempre están sujetas a verificar la gravedad del caso, ya que estamos tratando con un interlocutor que no es el paciente en sí, sino un cliente.
Pero al tratarse de la medicina no es sencillo pensar en una aplicación adecuada a esta modalidad. Por supuesto que deben existir innumerables situaciones que puede ser una verdadera solución, sobre todos a pacientes imposibilitados a un traslado o de lugares de difícil acceso. De ahí a pensar en una medicina personalizada y a distancia, seguramente sobran los argumentos para tomarlo como una práctica lógica.
La limitante es que debemos conocer muy bien al paciente para decidir un diagnóstico y tratamiento a seguir, ya que todo se basa en lo que el cliente expresa o intuye que le sucede a su animal de compañía. Dar calma a cliente en situaciones puntuales y allí decidir cómo se procede.
Lo considero factible en el ámbito de las interconsultas profesionales, permitiéndole al veterinario clínico tener a disposición las distintas especialidades que hoy demanda la clínica veterinaria.
Y en algunas situaciones sería factible la aplicación del seguimiento de algunos postoperatorios o de algunos casos clínicos determinados.
Las ventajas están más asociadas al tiempo que puede disponer el cliente y distancias por recorrer.
Con respecto al veterinario, no hay muchas ventajas sobre lo mencionado, ya que la atención será el mismo tiempo de consulta, como lo haría de forma presencial.
La implementación del cobro de honorarios vía débito en la consulta virtual, en tiempo real sería un gran avance.
La mayor desventaja es que se generalicen y no se sepa discernir en que oportunidad hacer un uso racional del servicio, prescindiendo de la consulta clásica que es irremplazable, es un acto médico presencial donde interactúan el médico veterinario con su paciente en forma personal.
Asimismo, cada veterinario deberá poner horarios de acuerdo al funcionamiento de la clínica.

¿Qué dicen los involucrados?

«El acto médico es presencial y requiere de la interacción del profesional con el paciente en forma personal, en un ámbito adecuado y respetando todas las implicancias ético-legales que rigen la profesión en nuestro país, para constituirse en una consulta médica”. Así de contundente fue en sus declaraciones el presidente de la Federación de Entidades Médicas Colegiadas (CONFEMECO), Dr. Mauricio Eskinazi.
También mediante un comunicado de prensa, esta entidad expresó: “No estamos en contra de la tecnología, pero reafirmamos la importancia del análisis de un paciente a través de la historia clínica y del examen físico adecuado, y esto sólo se logra de manera presencial».
Más allá de esto, Eskinazi manifestó que “si bien puede ser visto como atractivo por los afiliados por la presunta comodidad que denota, los médicos lo consideramos una estrategia marketinera y con evidente intención de bajar costos al evitar las consultas en las clínicas o consultorios».
En ese mismo tono, fue Héctor Garín, secretario general de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP), quien reafirmó a través de una columna recientemente publicada en el diario Clarín la ganancia extraordinaria que estas prácticas generan a las prepagas: “Es una forma de reducir costos, en la cual los médicos son los grandes perdedores”, aseguraba.
«Lo que fomentamos es que el servicio de atención de consultas virtuales sea un complemento de la atención presencial y no un reemplazo», manifestó -en cambio- el doctor Fernando Plazzotta, coordinador del programa de telemedicina del Hospital Italiano de Buenos Aires (HIBA). Y completó: «Se busca aumentar la accesibilidad y la calidad del servicio y no disminuir la seguridad del paciente».
En este sentido, también resultó interesante conocer la opinión de Pablo Utrera, cofundador de DOC24, empresa que ofrece una App de consulta médica directa: «Buscamos resolver consultas de baja complejidad, que son casi el 70% de las visitas a las guardias médicas, y no dudamos en indicarle al paciente que debe ser visto por un médico en forma presencial en los casos que sea necesario».
¿Otro caso? La Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) ofrece hoy a todos sus miembros el uso en forma gratuita de Consultorio MÓVIL, desde la cual ofrece turnos online, historia clínica digital, recordatorios y una app para promover la interacción médico-paciente de manera formal y remunerada.

Voces a favor y en contra de la telemedicina se escuchan en medicina humana, con planteos similares a los que se esgrimen en el mundo veterinario

Queda claro que, para sus promotores, la telemedicina brinda resultados exitosos. Un caso es el Hospital Garrahan y sus más de 300 Oficinas de Comunicación a Distancia en diferentes provincias. Más allá de esto y al momento de evaluar esta tendencia sobre la práctica, Luis María Degrossi, presidente de la Asociación de Empresas de Medicina Privada (ADEMP) consideró que la telemedicina es «algo nuevo del mercado» y que apunta a seducir a los millennials. «Las entidades de medicina privada y las obras sociales no pueden quedar afuera de esta innovación tecnológica porque los jóvenes lo requieren. Ellos quieren concurrir lo menos posible a un lugar físico», señaló.

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