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«Todos los gatos van al cielo…» ¿Y a la veterinaria?

La población felina crece en el mundo y también en nuestro país. Los gatos han sido incorporados a las familias como un miembro más y sus dueños invierten en ellos tiempo y dinero. Sin embargo, más de la mitad no visita al veterinario. ¿Vale la pena pensar una solución?

Por Guadalupe Varelli

Las fuentes de información son diversas pero los datos confluyen al fin: cada vez son más las personas que eligen a los gatos como sus animales de compañía.
Repasemos algunos números.
Ya en el año 2012, la revista especializada en animales de compañía Veterinary Focus publicó una edición especial sobre este segmento veterinario. ¿Qué decía? Que los gatos son el futuro de los veterinarios. Afirmación fuerte, sí, pero sustentada en datos.
Es que mientras la medicina canina crece y se fortalece desde hace años, la felina comenzó a desarrollarse más cerca en el tiempo y en respuesta a una demanda bien concreta.
Si analizamos la evolución comparativa de las poblaciones de perros y gatos en Alemania, el Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Japón, veremos que la población felina creció en una proporción mayor que la canina.
Y esto no es todo. Los números publicados en 2015 por la consultora alemana GFK confirman que la tendencia continúa.
Los gatos son la segunda mascota más popular en el mundo, y en algunos países ya hay más gatos que perros en los hogares.
Es el caso de Canadá, Inglaterra, los Países Bajos, Alemania, Francia, Bélgica, Turquía, Suecia, y especialmente en Rusia, donde los felinos casi duplican a los caninos.

¿Y en la Argentina?

Este mismo estudio de GFK confirma lo que ya sabemos: la gran mayoría de los argentinos tienen (tenemos) al menos una mascota en casa. Tan solo un 18% de la población prescinde de su compañía.
Entre todos estos animales que nos acompañan, 66% son perros y 32%, gatos.
Y si bien los primeros siguen siendo la «mascota preferida», la distancia entre unos y otros se achica cada vez más.
¿Otro dato? Se estima que en nuestro país la población felina es cercana a los seis millones de animales y su número sigue creciendo. Veamos un ejemplo.
La Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires publicó en 2016 un informe sobre la tenencia de perros y gatos en ese distrito, y los resultados mostraron números similares.
En los hogares de la Ciudad se contabilizaron cerca de 430.000 perros y alrededor de 250.000 gatos. Esto significa que hay 14 perros y ocho gatos cada 100 personas.
Al comparar esos número con los obtenidos en encuestas anteriores, es posible ver que, entre 2003 y 2014, hubo un incremento anual de 17,7 perros por mil y de 19,4 gatos por mil. La conclusión presentada es la siguiente: “Si bien la cantidad de perros en los hogares de la Ciudad es y fue siempre mayor a la de gatos, la velocidad de crecimiento de la población de éstos en los últimos años supera a la de los perros”.

Los gatos también comen (y bien)

Como también han destacado otras publicaciones especializadas, en general, el gato es ligeramente más urbano y suele vivir en clases socio-profesionales ligeramente superiores a otras. Sus propietarios tienen una mayor tendencia a comprar alimentos específicos e invertir más dinero en ellos.
Esto mismo mostraba el estudio de la Ciudad de Buenos Aires: 82% de los gatos tienen una alimentación basada exclusivamente en balanceado, rasgo que se acentúa en la zona norte, de mayor poder adquisitivo, donde los gatos con dieta basada exclusivamente en balanceado son el 90,5%.
Según datos difundidos por la revista Focus Market, los dueños de gatos gastaban, en noviembre de 2019, un promedio de $2.067 por mes. Dos años antes, el monto era de $424. Para tener una referencia, el mantenimiento de un perro pasó de $2.000 a $3.741 en este mismo período. En términos porcentuales, hablamos de un crecimiento de 387,5% y 87.05%, respectivamente.
Una vez más, vemos que los gatos ocupan un lugar cada vez más importante.

Cuidados diferentes

Pero los números mostraron algo más: los cuidados que reciben perros y gatos no son los mismos. Veamos la paradoja.
Mientras la población mundial de gatos crece y la venta de alimentos balanceados para ellos lo hace en igual medida, en las veterinarias, los ingresos derivados de la atención clínica de felinos son un bajo porcentaje del total.
También el estudio publicado por la Ciudad de Buenos Aires refleja esto, tal como lo viene haciendo hace ya un tiempo la propia realidad en nuestro país.
Cerca del 30% de los gatos que viven en hogares de Buenos Aires no fueron vacunados nunca. En los perros, ese porcentaje se reduce al 11%. Por otra parte, la atención veterinaria alcanzó al 84% de los perros durante ese año, mientras que solo el 68% de los gatos visitaron las veterinarias.

 

¿Por qué, entonces, si la gran mayoría de los dueños de gatos son muy celosos de su mascota, los consideran parte de la familia y están dispuestos a invertir en ellos, no visitan la veterinaria tanto como deberían?
No somos los primeros en hacernos esta pregunta.
Susan Little publicó en 2016 un artículo en el que describía las principales dificultad que se plantean a momento de llevar a un gato a la clínica veterinaria.
Algunos refieren al desconocimiento que tienen sus propietarios respecto de las necesidades médicas básicas de los felinos o la dificultad para reconocer signos sutiles de enfermedad.
Otros son mitos que van contra la salud del animal, como la percepción de que los gatos son capaces de cuidarse a sí mismos o la creencia de que los gatos de interior están protegidos de la mayoría de las enfermedades. Y hay uno que, en lo que respecta al negocio veterinario, es clave: la incomodidad y el estrés asociado a las experiencias en la clínica.
Ante este panorama, ¿se puede hacer algo para promover la visita de los gatos a las clínicas veterinarias? Sí, mucho.
En primer lugar, ayudar a que los dueños de felinos conozcan sus necesidades básicas de salud y se libren de esos mitos que lo único que logran es que el gato llegue demasiado tarde a la consulta.
Para eso, es necesario hacer planes de difusión y concientización.
Por otro lado, tener una clínica adecuada y un equipo de trabajo capacitado especialmente en el trato con gatos. Estos animalitos se estresan sobre manera y, enfermos y asustados, pueden ser peligrosos para los médicos y para sí mismos.
Entonces,

  1. Tener una estrategia de comunicación adecuada que comprenda el perfil del dueño del gato y difunda la importancia del control periódico de la salud de su mascota.
  2. Tener en cuenta a los humanos que los llevan. Establecer una comunicación fluida para ayudarlos transportar al gato hasta la consulta y hacer su seguimiento.
  3. Capacitarse específicamente en medicina felina. Poner en práctica un manejo respetuoso de los felinos. Tener un equipo capacitado para el trato con gatos.
  4. Adecuar la veterinaria para que sea amigable con los gatos o cat-friendly.
  5. Tener una oferta específica para gatos que contemplen planes de salud y alimentación.

De todo esto hablaremos en los próximos números de la Revista 2+2.

Consultorio Cat Friendly para el Hospital de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires

En los últimos años se ha incrementado el número de propietarios que se acercan al Hospital Escuela en busca de atención exclusiva y profesional para sus mascotas: en promedio se reciben 217 consultas de felinos por mes.
Es por ello que el Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias UBA decidió inaugurar un consultorio Cat Friendly. Cuenta con una sala de espera y consultorio exclusivo para gatos dentro del hospital, separada de la de perros y otros animales.
A su vez, provee un aislamiento auditivo para reducir el stress por influencia de sonidos externos.
“El gato es una especie doméstica muy sensible a los cambios. El hecho de salir de sus casas y viajar hasta el lugar en el cual serán atendidos, en la mayoría de ellos, supone un fuerte nivel de estrés. Esto se agrava en estados de enfermedad, llevando al animal a padecer alteraciones fisiológicas y conductuales que ponen en riesgo su salud, su integridad y en algunos casos, la seguridad de veterinarios, docentes y alumnos encargados de atenderlos” asegura Amelia Gisbert, Veterinaria, Doctora de la UBA y Especialista en Medicina Felina y Docencia Universitaria.
En la sala de espera los pacientes podrán encontrar repisas en altura para colocar la porta transportadora una vez que el dueño de gato ingresa a la sala de espera, una mesa funcional que contiene un reproductor de música relajante para gatos y un difusor de feromonas, luces tenues y paredes con colores cálidos, creando un ambiente confortable para estos pacientes felinos.
Vale decir que Royal Canin se encuentra apoyando al Hospital Escuela de la FCV con el objetivo de promover las visitas de gatos al veterinario, ofreciéndole un mejoramiento de las condiciones durante la consulta clínica de esta especie.
“La implementación de estas medidas no solo contribuirá a mejorar la atención hospitalaria y la formación docente, sino que además constituirá un cambio innovador en nuestro Hospital Escuela”, comenta la Dra. Amelia Gisbert.

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