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Etología puede significar más y mejor servicio

Predisposición genética, ambiente y experiencias pueden causar problemas de comportamiento en los animales. Para corregirlos, los etólogos utilizan diferentes técnicas y ofrecen recursos a los propietarios para que sepan cómo actuar en determinadas situaciones. ¿Estás ofreciendo este servicio a tus clientes?

Gimena Rubolino

El comportamiento es uno de los aspectos que más preocupa a las personas que viven con perros en su hogar.
Muchas veces, se ven en la necesidad de interpretar determinadas conductas para poder ayudar a sus mascotas a tener una vida plena. Satisfacer esta necesidad dentro de la clínica veterinaria puede ser una puerta de acceso para nuevos clientes y un mejor servicio para los que ya las visitan.
Para ello, será de gran importancia contar con un profesional en etología, la disciplina que se encarga de cuidar la conducta de los animales.
Incorporar un especialista etólogo siempre es una buena oportunidad de crecimiento para el negocio porque funciona como un complemento del trabajo clínico diario y porque los dueños de las mascotas tienen la comodidad de hacer todo en el mismo espacio, el que ya conocen.
Para acercarnos a esta especialidad, conversamos con el Dr. Rubén Mentzel, médico veterinario de la Universidad de Buenos Aires, especialista en clínica y etología de caninos y felinos doméstico, miembro del Colegio de Veterinarios de la provincia de Buenos Aires.
Mentzel también es presidente fundador del Colegio Latinoamericano de Etología Clínica Veterinaria (CLECVe) y tiene una gran trayectoria como docente en distintas universidades.

Revista 2+2: ¿Cómo se trabaja desde esta especialidad?

Rubén Mentzel: Los etólogos trabajamos siempre junto a los clínicos, los generalistas y los diferentes especialistas, como los dermatólogos, ya sea formando parte del equipo de una clínica o de un hospital veterinario. Trabajamos generalmente por derivación, una vez que el paciente ha sido evaluado por el veterinario generalista o clínico y presenta algún signo que no se debe a una enfermedad física.

¿Cuáles son los temas de consulta más habituales?

Los dueños de las mascotas llegan al consultorio para entender qué pasa cuando los perros empiezan a tener ciertas conductas inadecuadas y cómo modificarlas.
Los problemas más frecuentes de los animales son: reacciones agresivas, problemas de elección del lugar de evacuación, desobediencia, comportamientos destructivos o actividad excesiva. Estas conductas, en algunos casos, son parte del temperamento del animal. En otros pacientes, en cambio, son conductas fuera de contexto, que presentan falta de control y diferentes patologías que tienen que ver con problemas de adaptación y alteraciones en los mecanismos de relación con el entorno.

¿Cuál es el origen concreto de estos problemas?

El comportamiento de los animales se determina por muchas causas, como la constitución genética, hay marcadores genéticos relacionados con trastornos de comportamiento. Pero, además, su conducta se ve influenciada por el entorno, no solo en lo que se refiere al trato del dueño sino también a las experiencias vividas por los animales desde muy temprana edad.
Es decir, el trato que le brinda la madre biológica, más los estímulos, las interacciones y el trato que le ofrezcan los humanos que participan de su crianza, sumado a la predisposición genética que traiga, van a determinar el temperamento de cada animal.

¿Cuáles son las estrategias terapéuticas más utilizadas?

Para corregir conductas, los etólogos utilizamos diferentes técnicas combinadas en función del diagnóstico de cada paciente, como los enfoques sistémicos, la manipulación del ambiente, ciertas pautas de manejo y directivas. Son recursos que se brindan a los propietarios para que actúen de determinada manera en distintas situaciones. Todo esto arma un esquema de modificación del comportamiento de las mascotas.
En los casos de conductas mal canalizadas, con esto es suficiente, como cuando un perro rompe la basura, saluda de forma inadecuada, salta y molesta, o mastica objetos indebidos. Pero cuando la conducta es patológica, es necesario complementar esta terapia con el uso de fármacos de acción central que apunten corregir o regular aquella parte del comportamiento cerebral que necesita ser modificado sin alterar los otros aspectos.

¿Qué se debe tener en cuenta antes de incorporar este servicio en la veterinaria?

El etólogo es un profesional que requiere una formación específica en esta disciplina. El dueño de la clínica puede formarse en esta área si le resulta de su interés o trabajar con otro profesional capacitado.
Las competencias de esta especialidad se basan en haber profundizado significativamente los conocimientos y haber adquirido práctica a través del ejercicio de la especialidad durante varios años.
Además de eso, hay que ser un buen observador y un buen semiólogo en lo que tiene que ver con la entrevista al dueño del animal basada en el diálogo dirigido.
También es necesario saber leer entre líneas y superar lo que los tenedores de los animales no pueden ver.

¿Qué beneficios aporta incorporar este servicio en la veterinaria?

Ofrecer este servicio es una responsabilidad que tenemos como profesionales veterinarios porque los problemas de comportamiento son también parte de la salud de los animales.
Hay datos estadísticos que indican que la mayoría de los casos de eutanasia o abandono de animales de compañía son por problemas de comportamiento.
Entonces, los beneficios son muchos: ayudar a los animales a tener una mejor salud, dar respuesta a una necesidad de quienes llegan a la consulta y, sin dudas, tener más trabajo porque las consultas por este tema son diarias y constantes.

¿Cómo funciona el cerebro de los perros?

Rubén Mentzel

Rubén Mentzel

El cerebro de los perros funciona muy parecido al nuestro.
La diferencia está, desde el punto de vista estructural, en una corteza cerebral con menos capas celulares y circunvoluciones. Y desde el punto de vista funcional, en un menor grado de procesamiento de la información.
Si nos referimos a la capacidad de aprender, ellos son inteligentes. Si hablamos de procesar información previa para resolver nuevos problemas, también. Pero, obviamente, menos que el ser humano.
Además de tener un espectro olfatorio y auditivo mucho más amplio que el nuestro, tienen una capacidad de pautar el tiempo que todavía no sabemos cómo funciona. Con respecto a si distinguen los colores, sí que lo hacen, pero menos que nosotros y de una manera menos intensa. Principalmente ven el azul, verde y rojo.

La atención en tiempos de pandemia

Dr. Hernán Naccarato

“Al comienzo de la pandemia bajaron mucho las consultas”, comentó a esta Revista 2+2 el Dr. Hernán Naccarato, médico veterinario de la Universidad de Buenos Aires y especialista en etología clínica canina y felina. “Cuando la gente volvió a consultar, tuvimos que adaptarnos a atender por videollamada, en los casos en que se puede aplicar”, agregó.
Naccarato, quien trabaja en clínica de pequeños animales y como docente universitario, recibió un premio del Consejo Profesional de Médicos Veterinarios (CABA) en 2014 por las tareas desarrolladas por el Equipo de Trabajo de Intervenciones Asistidas con Animales. Sobre la atención en tiempos de cuarentena, insistió en que “es importante poder diferenciar qué casos requieren la presencia física terapéutica y cuáles no. Para ello, resulta necesario hacer un análisis global del problema mediante una llamada telefónica previa con la familia de la mascota y hacer una aproximación inicial a la problemática para poder evaluar si es factible manejar por vía virtual el conflicto o no”.
Cuando es necesario, realiza visitas a domicilio, siempre respetando las indicaciones de Asociación de Veterinarios Especializados en Animales de Compañía Argentina (AVEACA), la Asociación de Medicina Veterinaria Americana (ADMA) y la Asociación Mundial de Veterinaria de Pequeños Animales (WSAVA), que indican atender todo lo que se pueda a través de forma virtual y dejar la asistencia presencial solo para los casos que así lo requieran.
En lo que refiere a los tiempos, el MV afirma que la durabilidad de los tratamientos depende del problema de cada paciente.
“Si son casos puntuales de comportamiento, los tratamientos suelen ser de uno o dos meses. En casos más patológicos se requiere más tiempo e incorporar algunos manejos, es decir, hábitos, que deben mantenerse de por vida”, explicó.

Esta nota fue publicada en la edición N•56 de agosto de 2020 de Revista 2+2

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