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«Si el dueño llega tarde, el veterinario también»

La falta de información de los humanos atenta contra el acceso de los gatos a la medicina preventiva. En esta nota te contamos qué pueden hacer los veterinarios para tener cada vez más pacientes felinos.

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

¿Educar al soberano o al súbdito? Con los gatos, nunca queda del todo claro quién está al mando. Muy probablemente, nadie; aunque los humanos sean la parte de la ecuación responsable de tomar la decisión crítica: ir al veterinario. En esta nota vamos a hablar de la necesidad de educar a las personas para fomentar la incorporación de los gatos a las rutinas de las clínicas veterinarias. En primer lugar, para que tenga en claro por qué la visita reporta beneficios para la salud de su mascota. Y, luego, porque el trayecto que va desde el hogar hasta el consultorio es clave para poder abordar al gato de forma segura y efectiva a posterior.

“El 81% de los propietarios cree que su gato está bien y un 58% informa que su gato odia ir al veterinario”.
Javier Céspedes

La falta de información de los propietarios es una de las causas que atentan contra la salud del gato. Javier Céspedes, médico veterinario especialista en medicina de felinos domésticos y director médico de la Clínica que lleva su nombre (categoríaGold del programa Cat Friendly Practice de la American Association of Feline Practitioners) le aporta a esta Revista 2+2 datos relevantes, en base a informes de la AAFP.

El 83% de los gatos visitan al veterinario antes de su primer año de vida, pero más del 50% no regresan hasta que se enferman o sienten dolor. Cerca del 50% de las personas que tienen un gato no lo buscó; se lo regalaron, lo encontró… el gato simplemente llegó, lo que también habla del desconocimiento.

Céspedes explicó a esta Revista 2+2 la dificultad que implica reconocer los síntomas de enfermedad en estos animales. “Dentro de las características de la especie está la de enmascarar los síntomas de enfermedad. Cuando un gato tiene una patología no lo manifiesta rápidamente; es un animal cazador, pero también es presa: ocultar los signos de enfermedad, dolor o malestar es una conducta asociada a la supervivencia. De allí que el 81% de los propietarios diga que su gato está sano y no necesite ver al médico.” Cuando finalmente expresan la patología, ya es tarde. “Si el dueño llega tarde, el veterinario también”, comentó Céspedes.

Más voces

“Generar una rutina desde chiquito, tanto para el gato como para el propietario, favorece el momento de la revisación”. Amelia Gisbert

La Dra. María Amelia Gisbert, docente de la Cátedra de Clínica Médica de Pequeños Animales de la carrera de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires y médica de planta del Hospital Escuela de la misma institución, nos dio un ejemplo para señalar la importancia de la medicina preventiva tanto por la posibilidad de tratar enfermedades a tiempo como por el efecto que tiene sobre el gato la costumbre de visitar (o no) al veterinario: “Si a un gato se le realizan de manera rutinaria estudios de sangre y orina, es posible detectar antes de la descompensación, por ejemplo, una enfermedad renal y tratarlo con nefroprotección, una dieta enriquecida con vitaminas, mineral, ácidos grasos, etc. Es decir, una intervención mínima que mejora su calidad de vida durante muchos años.

En cambio, si el paciente acude a la consulta en estado de descompensación, posiblemente requerirá sueros, aplicaciones, internación, siendo todo esto mucho más agresivo para el animal que no está habituado a la consulta veterinario”, aseguró la experta que también compartió con nuestro medio una serie de recomendaciones estratégicas a considerar en la relación veterinario, gatos, personas.

Otra de las causas que explican la falta de regularidad en la visita médica es la forma en que lo viven los propietarios: culpa y mucho estrés. Según indicó Céspedes, el 81% de los propietarios creen que su gato está bien, piensan que no tiene nada, y un 58% informan que su gato odia ir al veterinario.
Gisbert señala que la preocupación de los propietarios repercute en los pacientes: “Si el propietario se estresa, el gato lo percibe, y esto va a afectar su comportamiento y hay posibilidades de que la revisación sea más dificultosa y sea más difícil arribar a los diagnósticos correctos.”

¿Qué pueden hacer los veterinarios ante este escenario?

Como primera medida, educar en la prevención. Los controles regulares permiten detectar las patologías a tiempo, realizar tratamientos menos invasivos y efectivos, y mejorar así la calidad y la expectativa de vida del gato. Céspedes cree que hay que hacer foco en la información que lo demuestra: “Hay evidencia médica científica que indica que a partir de los siete años los gatos pueden desarrollar hipertiroidismo y enfermedad renal crónica, por dar solo dos ejemplos, que si se descubren a tiempo se aumenta la expectativa de vida y el bienestar de nuestros pacientes”.

Hay algo más en manos de los veterinarios: reducir el estrés. Del gato y del humano.
En la charla brindada en noviembre del año pasado, dentro de la XV Gira Internacional Royal Canin Canin, el veterinario especializado en medicina felina Diego Santiveri señaló que también en España el estrés del dueño es parte del problema.
“Hay cosas simples a nuestro alcance que pueden significar una gran diferencia, como por ejemplo ofrecer un lugar dónde estacionar cerca de la clínica para que no tengan que estar dando vueltas con el auto. No tiene nada que ver con la atención veterinaria, pero ayuda a que tanto el propietario como el gato entren más tranquilos”, comentó.

Esta nota fue publicada en la edición Nº 55 de julio de 2020 de la Revista 2+2

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