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Viaje seguro, visitas programas, gatos saludables

La forma de transportar un felino hasta la clínica veterinaria puede ser la clave para el éxito o el fracaso de la consulta. Conversamos sobre este tema con la Dra. Amelia Gisbert quien compartió algunos consejos para que el gato llegue sin estrés a su encuentro con el veterinario.

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

Los gatitos no van al veterinario sujetados de una correa, caminando tranquilamente junto a su dueño. Y no deberían hacerlo tampoco. Sacar un turno, meter al gato en la transportadora, llegar a la veterinaria, pasar a la consulta, volver. Parece simple decirlo, pero cualquiera que lo haya intentado sabe que no es fácil. Revista 2+2 charló con la Dra. María Amelia Gisbert, docente de la Cátedra de Clínica Médica de Pequeños Animales de la carrera de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires y médica de planta del Hospital Escuela de la misma institución, sobre toda la información que necesitan las personas a cargo del arduo viaje. El objetivo: que el propietario no solo llegue a la veterinaria, sino que lo haga con el gato tranquilo. Y que vuelva.

Revista 2+2: ¿Se puede acostumbrar un gato a visitar al veterinario de chiquito?

María Amelia Gisbert: Si el gatito va a la veterinaria desde chico va a entender que no siempre que va a ese lugar pasan cosas malas. A veces las consultas solamente consisten en una revisación, o se indica un tratamiento que sigue el propietario en su hogar.

“Generar una rutina desde chiquito, tanto para el gato como para el propietario, favorece el momento de la revisación”. Amelia Gisbert

En cambio, si cada vez que va lo pinchan, le sacan sangre, lo operan o acude con dificultad respiratoria o lastimado, ese lugar solo va a significar cosas negativas para el animal. Generar una rutina desde chiquito, tanto para el gato como para el propietario, favorece el momento de la revisación y, al practicar la medicina preventiva, se pueden identificar enfermedades de manera más precoz y con mejores resultados.

¿Cuál es el primer paso?

Los gatos se estresan con las situaciones nuevas, que los agarran de sorpresa. Por eso nos tenemos que ir anticipando para que sienta que todo está “normal”, por ejemplo, al ver la transportadora. Si cada vez que la ve, termina en el veterinario, la va a odiar.
Una forma de evitar eso es tenerla en el ambiente unos días antes, dejarla a su alcance para que la conozca, juegue, descanse, incluso coma ahí. Eso la va a impregnar de su propio olor, se va a acostumbrar a ella. Entonces, al momento de meterlo dentro no va a sentir tanta ansiedad, porque es un lugar conocido, con sus feromonas.

¿Los olores afectan?

Sí, los felinos tienen el sentido del olfato muy desarrollado. Hay feromonas sintéticas que ayudan mucho y también hay recursos naturales, como la valeriana, el romero o la vainilla. Se puede colocar dentro de la transportadora una mantita impregnada con algunos de estos olores o algún producto que lo atraiga. Lo importante es no forzarlo, porque por más amigable que sea el ambiente el gato va a estar nervioso y repleto de feromonas del miedo y el estrés. Otra cuestión a tener en cuenta es la visión. Si el gato puede ver a través de la transportadora se va a asustar, se va a ver encerrado en un ambiente al que no puede reaccionar, va a querer salir, no va a poder y eso va a aumentar el estrés. Lo aconsejable es cubrir la transportadora con una manta.

¿Cuál es la forma correcta de transportarlo?

En una transportadora. Hay personas que lo llevan en una mochila, abrazados, pensando que pegadito a su dueño se va a sentir más seguro, pero no es así. Al contario, eso lo hace sentir más vulnerable. La transportadora tiene que tener una base rígida para que se pueda apoyar en firme. También hay que elegir el tamaño adecuado, para que no esté apretado como en una lata de sardinas, necesita tener un poco de espacio.

¿Qué pasa una vez que iniciamos el viaje?

Si se transporta en auto, tiene que ir bien sujeto adentro del auto, con el cinturón de seguridad. Si está suelto, frente una irregularidad del terreno, un salto le puede provocar un estrés enorme. Si el recorrido se hace caminando, es recomendable elegir las calles internas, aunque sea un poco más largo, y evitar las avenidas y los ruidos fuertes.
Si existe la posibilidad, es conveniente elegir los horarios de menos tránsito, entre las 8 y las 16, cuando los chicos están en los colegios, y fuera de la hora pico.

Al llegar a la clínica ¿cómo se debe comportar el propietario?

Al ingresar, tiene que buscar un lugar donde apoyar la transportadora, en este punto es clave lo que podemos ofrecer desde la veterinaria. Se necesita un lugar firme y en altura, como mínimo por arriba de las rodillas. Si el gato queda al nivel del suelo, al paso del tránsito de personas y animales, se va a sentir en inferioridad de condiciones.
El gato siempre se siente mucho más seguro estando en altura, dominando de alguna manera la situación. Y si el gato tiene que ver algo, que siempre sea al dueño.

Y en la sala de espera… ¿tenés algún consejo?

Sí, ¡qué no se presenten a los gatos! Ellos no van a hacer sociales a la veterinaria. A veces veo que las personas se muestran los gatitos, “mirá, tu amiguito también vino la veterinaria” y es lo peor que le podés hacer a un gato. Ellos son solitarios, muchos de ellos incluso no quieren convivir con otros gatos en la misma casa, menos les interesa conocer a un desconocido. Eso los estresas mucho. El gato tiene que quedar mirando a su dueño, tranquilo, y entrar en cuando lo llaman desde el consultorio.

Terminó la revisación, todo salió bien, ¿nos vamos?

Todavía no, hay que programar un turno para la próxima consulta. Tenemos que intentar por todos los medios que las visitas sean programadas. Así se reduce el tiempo de espera, el gato está menos tiempo en la clínica, se cruza con menos animales, en lo posible ninguno.
Además, esto ayuda a mantener la rutina de visitas periódicas y evita que el gato solo nos vea cuando está ahogado, lastimado o ya demasiado enfermo.

Esta entrevista fue publicada en la edición n• 55 de julio de 2020 de la Revista 2+2.

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