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¿Tamaño del rodeo o eficiencia? ¿Cuáles son las alternativas de inversión en ganadería?

Aumentar el número de vacas significa incrementar el tamaño de la actividad. Si además se mantiene constante la superficie, entonces un mayor número de vientres significará también una mayor carga animal por hectárea.

Escriben:
Eduardo Ponssa, Ing. Agr. MBA. Facultad de Ciencias Veterinarias – UNCPBA.
Antonio José Castelletti, MV. MBA. Zoetis Argentina
antonio.j.castelletti@zoetis.com

En reuniones e intercambios con productores ganaderos muchas veces se repiten las preguntas: ¿dónde convendría más aplicar el saldo de la actividad para crecer? o ¿dónde dirigir nuevas inversiones de capital? ¿En tener un mayor número de vacas? ¿En mejorar la eficiencia de los animales que ya se tienen?
Por supuesto que, en el marco de los objetivos y situación propios de cada empresa, es posible la integración de ambas posibilidades en la implementación de una estrategia intermedia (eficiencia + tamaño), tal como veremos.
Aumentar el número de vacas significa incrementar el tamaño de la actividad, ya que se asignan más recursos productivos. Si además se mantiene constante la superficie, entonces un mayor número de vientres significará también una mayor carga animal por hectárea.
El otro camino para el crecimiento es el de la eficiencia por el uso adecuado de los recursos en relación con el producto obtenido. Por eso un índice de eficiencia siempre será calculado como la división entre un resultado (productivo, económico, ambiental, social) y una medida que indique el uso de un factor productivo (tierra, trabajo, capital económico y humano) necesario para lograr tal producto. Son indicadores de eficiencia productiva. Por ejemplo, la producción de carne por Has, los litros de leche por vaca en ordeñe o los % de preñez y destete.
A Gandhi se le atribuye la frase “la velocidad es irrelevante si vas en la dirección equivocada”.
Lo que debe priorizarse es el cumplimiento de los objetivos, la eficacia. De nada sirve ser eficiente en el uso de recursos si no logramos lo que queríamos.
Asumiendo entonces que vamos por el camino adecuado, la mejora de los procesos también es una estrategia válida para incrementar la escala productiva.

Un ejemplo concreto

Dado que los modelos nos permiten comprender mejor un sistema y su funcionamiento, analizaremos esquemas productivos aislando las diferentes variables involucradas en cada alternativa estratégica: eficiencia o carga.
Sobre la base del modelo de cría en la Cuenca del Salado incluido en el Boletín que publica el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (que se puede consultar aquí), se elaboró una situación modal o base cuyos principales indicadores se resumen en la segunda columna del Cuadro N° 1.
Este modelo, al igual que los que se plantearán luego, tiene un descarte anual del 20% de los vientres a servicio y una reposición que mantiene constante el rodeo (% reposición = % descarte + % mortalidad vientres). Para la evaluación se aplicó el software Baqueano Cría de la empresa Uniagro (www.uniagro.com.ar). Este planteo obtiene una producción de carne de 99 kg/ha y, a precios de mayo 2021, un Margen Bruto (Ingreso neto – Costos directos) de 12.566 $/ha (unos 130 dólares “oficiales”).

A los números

El Modelo N° 2 simula la estrategia de crecer en cantidad de vacas (manteniendo constante la superficie, es decir: una mayor carga). En esta situación, la cantidad de vientres a servicio se incrementa casi en un 60%, llegando a 410 cabezas = una carga de 0,91 vientres/ha.
Como la eficiencia por vaca se mantiene constante, la producción aumenta en la misma proporción en que creció la carga y alcanza los 158 kg/ha.
Pero más vacas significan mayores costos: en este caso aumentaron los gastos de personal, los de alimentación (principalmente) y los de sanidad (debido al mayor número de vacas), pasando de unos 2.500 $/ha a 7.000 $/ha de costo directo.
Por eso el Margen bruto mejora, pero en menor proporción al incremento de la carga: 16.960 $/ha (35% de aumento).
La otra alternativa es la de la eficiencia.
Para evaluar este factor se planteó un tercer modelo que, con la misma cantidad de vacas que el Modelo 1, logra una mayor eficiencia reproductiva y una tasa de destete del 84%.
Si bien no alcanza la productividad del modelo de alta carga, consigue producir 113 kg/ha. Es decir, un aumento del 15% respecto al planteo base.
Pero, a diferencia del caso anterior, esta mejora se logra con un bajo costo adicional: aumentaron los gastos en sanidad por cabeza, el personal y la alimentación (ya que hay más amortización de pasturas).
Por tal razón el Margen Bruto aumenta más que proporcionalmente al incremento productivo, ya que lo hace en un 22% respecto del Modelo N° 1.
En definitiva: el aumento de la carga aumenta la producción, pero en base a una más que importante “inyección” de costos, además del mayor capital que representan las vacas. El planteo eficiente, en cambio, alcanza un incremento productivo de menor magnitud, pero en base a relativamente menores costos adicionales.
Podría decirse que la mejora del resultado económico, es de mayor “calidad” que el que se logra sólo mediante el capital económico (más vacas). De hecho, un indicador de interés como la participación de terneros y terneras (que es la categoría “objetivo”, y, obviamente, la de mayor valor económico por kg) en la producción de carne (donde también cuentan los descartes de vacas y toros), aumenta del 50% al 55% al comparar el Modelo 1 con el 3.
La mejora de la eficiencia requiere de tecnología, conocimiento y gestión de procesos.
En suma: capital intelectual.
El Margen Bruto por Ha expresa la eficiencia económica en el uso de la tierra, pero nada nos dice respecto al uso del capital total. En la medida en que se intensifica el sistema se requiere medir la rentabilidad operativa que surge de relacionar al margen con el capital invertido.


La Rentabilidad Operativa del Modelo 1, considerando el capital circulante (gastos directos), el de hacienda y el de pastura (sin incluir al capital tierra), es de 25,7% (Cuadro N° 2). Esta sería la tasa de interés que entrega el sistema.
Esta rentabilidad baja a 20,9% en el Modelo 2 (el capital agregado aumenta proporcionalmente más que el incremento de resultado) y sube a 29,6% en el Modelo 3, demostrando cómo la eficiencia potencia al capital económico.
Es interesante ver cómo la rentabilidad operativa total, considerando todo el capital invertido es casi la misma en los modelos 2 y 3 (5,24% y 5,19%, respectivamente).
Esto muestra cómo a partir de dos estrategias diferentes, se llega a una tasa de interés “integral” prácticamente igual.
Finalmente, el efecto combinado de ambas estrategias, carga (capital económico) y eficiencia (capital intelectual, fundamentalmente) se observa en el Modelo 4, que integra a los Modelos 2 y 3 (última columna del Cuadro N° 1).
Este caso, elaborado sobre la base de la situación mejorada de cría en la Cuenca del Salado, del mencionado Boletín trimestral, presenta el mismo aumento de carga del Modelo 2 y el mismo aumento de eficiencia del Modelo 3.
En el Cuadro N° 2 se ven los resultados totales y destaca que en el caso 4 consolida en base a carga el resultado que genera la eficiencia.
También se deduce que, así como una alta carga apalanca resultados positivos, también puede volverse en contra cuando la eficiencia sea baja, lo que significa un mayor riesgo.
Asimismo, si se observa el indicador “resguardo forrajero”, que mide la oferta anual de pasto en relación con los requerimientos del rodeo, se verá que a los modelos de alta carga “no les sobra nada”, por lo que estarían más complicados en años de menor producción forrajera.
Los modelos 1 y 3, en cambio, disponen de cierto “colchón” de pasto (ya que hay un sobrante de entre 10 y 16% de los requerimientos animales). En parte, esto se relaciona a la cantidad de hembras (vacas y vaquillonas) en stock por cada ternero vendido, el cual desciende en 0,5 cabezas en los modelos de mayor eficiencia.
En el orden nacional, un mejoramiento de este índice se traduciría en una mayor tasa de extracción del rodeo.

Tomar decisiones

Considerando un valor constante del campo de US$ 2.500 por Ha en todos los casos, se calculó el Margen Bruto por cada US$ 1.000 de tierra, el cual “va de la mano” de la rentabilidad de la tierra. Aquí son favorecidos los modelos de alta carga: maximizan el resultado por Ha.
Si calculamos la tasa marginal de interés respecto a la situación base, que se obtiene al invertir capital en cada una de las direcciones posibles (carga, eficiencia y combinación de ambos), obtenemos la rentabilidad adicional de cada modelo, que se presenta en el Cuadro N° 3.


No hay dudas que la eficiencia (Modelo 3) constituye un dinamizador neto ya que logra tasas de interés reales del orden del 100% sobre el capital sin tierra y sobre el capital hacienda. Se trata de usar mejor lo que se tiene antes que tener más, o, en todo caso, combinar ambas estrategias. Porque el aspecto que puede resultar favorable del aumento del tamaño es la tenencia.
Si se asume que en el largo plazo el valor de la hacienda tiende a aumentar, lo cual, aunque con alta variabilidad, ha ocurrido en los últimos 30 años, los planteos de mayor carga son los que más capturan esta mejora de precio, generando un resultado adicional al productivo denominado Resultado por Tenencia.
En una “ganadería de tenencia”, lo primordial sería tener muchas vacas antes que su eficiencia productiva. Si asumimos que en un año el precio real de la hacienda aumentara un 10% (por encima de la inflación) se logran los resultados por tenencia que se muestran en el Cuadro 4. Si este resultado se agrega al Margen Bruto “productivo” se obtendría el Margen que figura en dicho cuadro. Los modelos 2 y 4 resultan beneficiados en este escenario.
Claro que también, si el resultado por tenencia fura negativo (por disminución de precio del inventario final respecto al inicial) serían los más afectados, en particular el caso 2 que no cuenta con el factor eficiencia como estabilizador.
El mejoramiento de la eficiencia es una estrategia con múltiples posibilidades, que exceden a las consideradas en los modelos 3 y 4 de este artículo: reducción en la edad de entore de la vaquillona, mayor producción forrajera, mejor aprovechamiento forrajero, mejoramiento del índice de conversión, reducción de la mortalidad, mejor distribución de la preñez, mayor peso al destete por mejoramiento genético y/o por condiciones maternas, uso estratégico de la suplementación y reservas forrajeras, mejoras sanitarias, engorde de los descartes, destete precoz, etc.
Pero no solamente la eficiencia permite aumentar la producción y la rentabilidad económica, también posibilita una menor contaminación ambiental y una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero por kilogramo producido.
Afortunadamente, hay mucho por hacer.

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