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Errores en la veterinaria: decile sí al poliamor

¿Cuántos amores puede tener una persona en su vida? ¿Qué pasa cuando el amor por la profesión veterinaria lo cubre todo y deja poco espacio para los demás aspectos de la vida?

Escribe Javier Paoloni
Director Veterinaria Vida, Río Cuarto, Córdoba.
veterinariavida@hotmail.com

Hay errores graves, muy graves, en el ejercicio de la profesión veterinaria. Hoy les quiero hablar de dos puntuales en los que no solemos pensar pero que son muy comunes y están estrechamente relacionados el uno con el otro.

1º error: no entender el poliamor

Hay un término muy de moda en los últimos años: el poliamor.
Los veterinarios (sobre todo los que tenemos más de 15 o 20 años de experiencia) fuimos criados bajo ciertos mandatos, como por ejemplo, la monogamia.
El amor para toda la vida, el amor «hasta que la muerte nos separe» (de alguien o algo). Así, nuestro cerebro fue absorbiendo estas ideas. Nada diré de cualquier elección personal, hay libre albedrío, pero sí mucho diré sobre la relación monogámica entre el veterinario y la profesión.
El problema empieza cuando hay “exceso de amor y pasión”; cuando amamos ciegamente lo que hacemos; cuando no concebimos hacer otra cosa que no sea “ser veterinarios”; cuando amamos enloquecidamente a la profesión.
¿Pero, está mal amar así a la profesión?
Por supuesto que no, no está mal, cada uno puede amarla hasta el infinito. Está perfecto serle fiel hasta la muerte, está muy bien idolatrarla, jerarquizarla y ponerla en un pedestal.
Ocurre que tenemos que replantearnos el concepto de fidelidad.
Hay estudios realizados en muchos países del mundo donde se mide la fidelidad en parejas y los resultados demuestran que ¡hay países tremendamente infieles! La gente no es fiel ni con sus parejas; ¿qué nos hace pensar que serán fieles a nosotros?
Muchos clientes serán fieles, serán apóstoles de nuestro servicio y nos recomendarán ciegamente con sus amigos, familiares y conocidos.
Y muchos clientes no lo serán, hagamos lo que hagamos se irán, volarán, recorrerán veterinaria tras veterinaria. Muchos de ellos vienen con historias clínicas que se redactaron en 8, 9 o más veterinarias.
Entonces, ¿qué les hace pensar que nosotros no seremos la próxima veterinaria que tenga que redactar una historia clínica?
Así continúan su peregrinaje veterinaria por veterinaria y el aumento exponencial de los servicios veterinarios en las últimas dos décadas hace que los peregrinos tengan más “lugares sagrados” para visitar.
¿Está mal que el cliente busque otras opiniones? Por supuesto que no, tiene todo el derecho. Está mal que no entendamos que puede hacerlo.
El problema es que cuando estamos afectados por emociones nos cuesta razonar. Nuestro cerebro emocional puede anular al racional y el amor por la profesión es una emoción que nubla la razón.
¿Cuántas veces atendieron un caso en Navidad, Año Nuevo, cumpleaños de hijos, ¿de parejas o de padres?
¿Cuántas veces trabajaron todo el día y al llegar a casa cansados, se dieron un baño, y cuando estaban por dar el primer bocado de una rica cena sonó el celular de urgencias nuevamente? ¿Cuántas veces dejaron todo, pospusieron todo, anularon todo por atender “ese caso”?
Ya sé las respuestas: cientos de veces. Y sé las respuestas porque lo hice así cientos de miles de veces en más de 25 años de profesión.

¿Por qué nos pasa esto?

Porque amamos tan profundamente lo que hacemos que lo anteponemos a todo, así de simple, dejamos todo por amor, por pasión.
Y nos frustramos enormemente cuando ese cliente que nos idolatró en su momento, ahora se atiende en otra veterinaria, o ese cliente por el cual llegamos tarde al cumpleaños de 15 de nuestra hija, ahora se atiende “con otro”.
Creemos que “poseemos” al cliente, creemos que “es nuestro”.
Pensemos tres frases:

  1. Los clientes no son de nadie.
  2. Dentro de las reglas del juego de la profesión está la que dice que el cliente puede irse cuando quiera a atenderse con quien quiera.
  3. Podemos desarrollar estrategias de gestión, marketing y comunicación y potenciar nuestras habilidades médicas para mantener clientes fieles y felices… y ser felices nosotros.

Aceptemos las reglas del juego, se pueden ir cuando quieran. Si hicimos todo lo conocido por nosotros y se va, aceptemos que se vaya, aceptemos una regla del juego veterinario.
Aceptemos el “poliamor” del cliente para con nuestra profesión.
¿O acaso no tienen clientes que “picotean” por varias veterinarias, incluida la de ustedes?
Contemplemos en nuestra vida el “poliamor”, pero uno equilibrado entre familia, trabajo, hobbies, amigos, mascotas y nosotros, nuestro yo.
Tenemos que incluirnos en la ecuación del poliamor y darnos los cuidados, atención y mimos que merecemos y corresponden.
Si nuestra vida fuera una pizza, una porción debemos ser nosotros mismos, nuestro verdadero yo, un yo sano, creativo e innovador, un yo que se quiere y se acepta… y que acepta las reglas del juego de la profesión.
Un yo que dedica tiempo a su pareja, a su familia… que dedica amor a cada porción de la vida, porciones que cada uno de nosotros crea.
¿Es importante el amor y la pasión por la profesión? Sí, lo es. Es tan importante como la importancia que decidamos darle.
¿Nos sentimos felices y plenos trabajando todo el día? Si la respuesta es sí, hagámoslo. Si la respuesta es no, no lo hagamos. Lo que no tiene que ocurrir es que la respuesta sea no y seguir haciéndolo día tras día.
¿Hay cuentas que pagar? Obvio que sí, pero intentemos buscar un equilibrio y gestionar nuestros tiempos y veterinaria como lo que debe ser, una empresa competitiva y rentable.
¿El dinero debe ser el fin por el cual trabajamos? No, debe ser la consecuencia de nuestro trabajo.
Desterremos la idea de la monogamia (entre veterinario y profesión, y entre clientes y nuestra veterinaria). Seamos abiertos y entendamos que los tiempos cambian y debemos adaptarnos a esos cambios.
Amemos lo que hacemos y entreguemos todo a la profesión, pero dejemos también para los otros aspectos que forman nuestra vida.

2º error: no construir una marca (por exceso de amor y pasión)

Les voy a compartir algunas frases y ustedes dirán si les resultan familiares:
— ¿Cuándo viene el Dr.?
— ¿Otra vez viajó el Dr.?
— Sé que es domingo y son las 2 de la mañana, pero ¿lo puede llamar a él?
— El Dr. me atiende hace 25 años, creo que merezco el derecho de que me den su celular personal, ¿o no?
— El Dr. atiende a mi perrito desde que nació. Si no está, vengo otro día.
Si escuchamos muchas veces estas frases es que algo no anda bien. Nuestro exceso de amor, pasión y dedicación ha hecho que la gente asocie sus necesidades y las de sus animales con nuestro nombre, no con nuestra empresa.
¿Por qué? Porque lo hemos atendido en días feriados, días de la madre, del padre, cumpleaños de hijos, etc. Creemos que los vamos a perder si no seguimos estando 24 por 7, nosotros, solo nosotros y nada más que nosotros.
Y eso es imposible de cumplir. Un colega joven y con enjundia podrá decir hoy que sí, pero no se puede sostener en el tiempo. Tenemos que aprender a delegar.
Por eso mi sugerencia es pensar en construir una marca y trabajar en equipo para poder ubicar en la mente de los propietarios de nuestros pacientes la marca de nuestra veterinaria y no nuestro nombre propio.
«El Dr. es un fenómeno», «el Dr. es un genio», «el Dr. es un ídolo…»
¿De qué sirve un ídolo agotado, inundado por las hormonas del estrés por trabajar 24 por 7?
No le demos tantas vueltas al asunto, un ídolo así empieza a desarrollar respuestas profesionales insatisfactorias y atenta contra su salud física, psíquica y emocional.

Armá tu propia pizza

En la pizza de la vida, si la porción de la profesión es muy grande, le quitará espacio a las otras. Generalmente esta porción se agranda por entregarle amor y pasión de manera exagerada, desmedida.
Es difícil vivir sin las otras porciones. Si la de nuestro “yo” es demasiado grande, será una porción rebalsada de “queso de individualismo” o peor aún, estará chorreando de “salsa de egocentrismo”.
Una porción del “yo” demasiado grande le quita espacio a las otras porciones. Es difícil vivir sin las otras porciones.
Nosotros podemos preparar nuestra propia pizza, decidir de cuántas porciones hacerla y darle amor a cada una de ellas. Familia, profesión, amigos, mascotas, deportes, viajes, hobbies y yo, son las que he elegido para la pizza de mi vida.
Cada uno de ustedes armará la suya a gusto y paladar. Nada diré de cómo armar las porciones, solo sugeriré que en la porción de la profesión haya trabajo en equipo con base en el corporativismo igualitario y colaboracionista, y que sí o sí haya una porción del “yo”.
Una última apreciación: la humildad es una virtud, no una debilidad.
En la humildad están la serenidad y la firmeza para tomar decisiones. Condimenten sus pizzas de vida con mucha humildad, un condimento que lamentablemente escasea en el mundo de hoy.

Más sobre Javier Paoloni

Médico Veterinario (1996). Universidad Nacional Río Cuarto, Córdoba. Actividad desarrollada: Clínica General y Cardiología. Docente del Curso «Trayecto en Desarrollo Emprendedor» (UNRC). Diplomados en Competitividad para las Organizaciones del siglo XXI; en Gestión Empresarial y en Planeación Estratégica. Docente Cátedra Competencias Transversales para la formación de Ing. emprendedores (UNRC). Docente del Posgrado de Gestión y Marketing Veterinario en www.vetesweb.com.

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